Entre todo lo problemático que alberga Scary Movie: Terroríficamente Incorrecta (Scary Movie, 2026), hay una secuencia sumamente perturbadora en un vagón del metro en la que un grupo de reaccionarios asesina a apuñaladas a una mujer que usa lenguaje inclusivo y se proclama defensora de la igualdad. Esta recuerda el instante de la película original en el que Brenda (Regina Hall), una mujer negra, muere a manos de blancos y de varios líderes religiosos. La franquicia, obviamente, siempre se ha caracterizado por su humor mordaz e irreverente que “le tira a todo el mundo”, lo cual, por supuesto, es impreciso. En una era de extrema polarización, con un estudio de por medio como Paramount, estrechamente vinculado a la administración Trump, que una cinta como esta salga a la luz no es solamente una cuestión de generar dinero, sino también de política. Básicamente, la sexta parte se siente como escuchar los chistes de un tío facho, racista y homofóbico que asegura que no es facho ni racista ni homofóbico. El momento descrito inicialmente emerge como una oscura y peligrosa fantasía que empodera a los sectores más conservadores de la población.

Scary Movie es más que terroríficamente incorrecta: es terroríficamente conservadora, reduccionista y anticuada. La esperada secuela, en suma, crea toda una dinámica paródica de recientes títulos de terror para hacer una supuesta crítica a la manía hollywoodense de perpetuar sus franquicias con nuevas generaciones de actores —”supuesta” porque es obvio que el aparato que señalan es el que les facilitará más secuelas—. Resulta conveniente recordar que los Wayans no tuvieron ingerencia en las anteriores entregas, condenándolas casi inmediatamente al olvido. Eso cambió en esta ocasión, pues los hermanos no solo volvieron, sino que trajeron prácticamente a toda su familia para escribir, producir y protagonizar. El resultado quizá recupera cierta esencia del humor que hizo a las dos primeras tan icónicas en la cultura popular, pero desde muy temprano queda claro cuál es el objetivo: irritar a las minorías con todas las burlas imaginables, la mayoría trilladas y otras de mal gusto. No hay nada malo con la parodia; sin embargo, cuando se utiliza para golpear a los sectores más vulnerables, tenemos un problema evidente de conciencia social. Llámennos “woke” o “generación cristal”, pero en pleno 2026 no hay nada particularmente gracioso en mofarse de una persona trans.
La película —si es que se le puede llamar, porque simplemente estamos ante una colección de sketches aleatorios— enarbola un discurso profundamente conservador que recoge todos los temas sociales surgidos desde Scary Movie 5 (2013): el Me Too, el movimiento Black Lives Matter, la nueva ola feminista… La mayoría de las escenas pretenden cuestionar la validez de lo anterior a través de chistes tan rancios y básicos, como uno en el que Ghostface amenaza con darle latigazos a Ray (Shawn Wayans) solamente porque es negro. En otra escena, el hijo trans del sheriff es asesinado también por el villano después de una charla que utiliza todos los insultos posibles hacia la comunidad. En otra, Cindy (Anna Faris) declara que, aunque sea racista y le dé “asquito”, abrazará a su vieja amiga Brenda. Resulta irónico que ¡Huye! (Get Out, 2017), una película que examina desde la sátira y el terror la tensa relación entre blancos y negros en Estados Unidos, sea uno de los pilares de la trama. Scary Movie emerge como un síntoma de nuestros tiempos, aquellos en los que, básicamente, las posiciones racistas o transfóbicas ahora tienen que ver con la “defensa de la libertad”.

La película tiene minúsculos chispazos que sí causan algo de gracia, como la parodia de La Sustancia (The Substance, 2024) —que trae, además, un sorpresivo cameo— y una secuencia animada centrada en la canción que todo el mundo ha estado escuchando desde hace casi un año. Sin embargo, el énfasis en los chistes sobre marihuana y caca hace sentir que el guion fue escrito por un adolescente de 13 años. Las constantes referencias a “venirse”, igualmente, son demasiado juveniles. Lo escatológico y el humor stoner cansan. En cuanto a la versión doblada, la indicación de incorporar a la fuerza todos los términos en boga —desde “jochis” hasta “soporta”— es evidente. De vez en cuando aparece uno que sí da risa, como el hecho de que el activador de La Sustancia se llame ahora “El Menjurje”. Aun así, dos buenos chistes no pueden tapar lo aleatorio y lo burdo del asunto, como la inclusión de la nada de una infantil parodia de Michael (2026).
Scary Movie, ensimismada en ofender, se olvida de generar más situaciones que realmente encajen con el intento de historia que presentan. La parodia de Longlegs: Coleccionista de Almas (Longlegs, 2024), por ejemplo, es burda e intrascendente, y ni hablar de la de Sonríe (Smile, 2022). Queda claro que los Wayans dejaron en un lejano segundo plano la reconfiguración de los conceptos de las películas de terror que abordaron para, en su lugar, buscar todas las maneras de burlarse de la empatía que piden las nuevas generaciones. Es un tanto lastimoso ver a la familia Wayans lanzar con orgullo chistes sobre la pandemia, los gays, el cripto, la popó, Grindr, la mota y los condones, como si a nadie más se le hubieran ocurrido antes. Desgraciadamente, habrá que aguantar por un tiempo a la ultraderecha usando esta Scary Movie para apuntalar sus discursos de odio.









