“Uno siempre debería estar enamorado. Esa es la razón por la que uno nunca debería casarse”. Con esta frase abre La Invitación (The Invite, 2026), una comedia sexual que no trata exactamente del acto, sino de los ingredientes necesarios para que no muera dentro del matrimonio. Las palabras del autor británico se convierten en la base filosófica de una divertidísima y, al mismo tiempo, inteligente película que examina la vida en pareja a través del encuentro de dos pares de novios/esposos que no podrían ser más diferentes entre sí. Una tensa reunión da paso a una inesperada petición y, a su vez, a una exploración de aquello que queremos ser, lo que pretendemos ser y lo que dejamos de ser, y de cómo todo esto afecta el vínculo sexual que tenemos con aquel o aquella que creemos amar. Con cuatro buenas actuaciones, un astuto guion y una fina dirección de Olivia Wilde, la cinta nos confronta no solo con una situación hipotética, sino también con lo que creemos que significa estar con alguien.
Para mantener la sorpresa, no revelaremos qué es lo que una de las parejas propone a la otra, aunque por el contexto resulta demasiado obvio. Will McCormack y Rashida Jones adaptan la película española Sentimental (2020) —que a su vez viene de una obra de teatro— y la trasladan a la idiosincrasia estadounidense. Wilde dirige desde la sensibilidad que intentó desplegar en No te Preocupes, Cariño (Don’t Worry, Darling, 2021), pero cuyo enfoque disperso no le permitió destacar lo que realmente quería acerca de las expectativas del matrimonio, por más que aquella pretendía señalar al patriarcado. En esta ocasión, una mejor historia y un acercamiento íntimo se convierten en las herramientas ideales para desnudar a cuatro individuos cuyas frustraciones, ansiedades, fantasías y arrepentimientos quedan al descubierto durante lo que parecía una reunión como cualquier otra. Wilde brilla no solo manejando una puesta en escena casi teatral —el 95 % de la acción transcurre en un departamento— que va y viene entre la comedia y el drama, sino con una más que convincente actuación como Angela, una madre/esposa insatisfecha ensimismada con el derroche de sexualidad de sus vecinos, que no comulgan exactamente con el término “discreción”.

Seth Rogen, no extraño a este tipo de proyectos, evita repetirse a sí mismo con un papel que, aunque le queda como anillo al dedo, le deja combinar la comedia física con algo más emocional y genuino. La manera en que proyecta el resentimiento consigo mismo que describe a Joe, esposo de Angela, hace posible que nos identifiquemos con él —su relación estancada nos remite a una versión menos densa de Secretos de un Matrimonio (Scener ur ett Äktenskap, 1973)—. Y luego están Penélope Cruz —haciendo gala de una irresistible sensualidad— y Edward Norton como Pina y Hawk respectivamente, una pareja de mente abierta que, sin embargo, esconde sus propias deficiencias románticas en pro de una apariencia cool y despreocupada. Es genial ver cómo el guion de Jones/McCormick se ajusta a la perfección a las ideas visuales y narrativas de Wilde, que insta a que cada actor cree un mundo interior con su personaje.
Wilde encuentra en la fotografía granulada de Adam Newport-Berra y el montaje de Anthony Boys y Yorgos Mavropsaridis a los aliados perfectos para crear un pequeño universo claustrofóbico al interior del departamento. Esto queda manifiesto en una secuencia en la que Joe y Pina quedan en una habitación y Angela y Hawk en otra; el intercambio entre cada par de personajes se vuelve un delicioso ping-pong que permite conocer el espacio en el que se mueven y las vulnerabilidades emocionales que los definen. La directora, además, recurre a la improvisación para llevar a buen puerto un ejercicio sostenido enteramente por los diálogos. La espontaneidad y la química entre los cuatro actores se notan bastante y hacen de la película algo sumamente convincente.

La Invitación —que bien podría titularse La Comedia— dialoga bastante con la reciente El Drama (The Drama, 2026). ¿Qué tanto conocemos de nuestra pareja? ¿De verdad podemos seguirla amando por sobre todas las cosas? Visual y narrativamente similares, aunque con estilos distintos, las dos películas cuestionan la vida en pareja con situaciones incómodas y un filo muy particular. La comedia negra de Roman Polanski ¿Sabes Quién Viene? (Carnage, 2011) también viene a la memoria por el uso de una locación y por la confrontación que presenta entre dos parejas de padres muy diferentes. Finalmente, en el tema sexual, hay una conexión que Pasajero (Pillion, 2025), que desarrolla una historia alrededor de una forma poco convencional de vivir la sexualidad.
Al final, la película nos enfrenta a ese instante en el que decidimos dejar de ser felices, que suele estar relacionado con el que paramos de tener relaciones sexuales con nuestra esposa/esposo. En La Invitación, Wilde, Jones y McCormack plantean que la ira reprimida nos aleja de esa persona especial, perdiendo eventualmente el interés en sentir su cuerpo. Pero quizá no todo esté perdido. Como la bella última escena lo sugiere, darnos un momento para reencontrarnos con nosotros mismos puede acercarnos una vez más al deseo, el amor y la pasión por quien nos acompañará el resto de nuestras vidas.









