“No es un romance, es una historia de amor”, le dice Nikki (Inde Navarrette) a su mejor amigo “Bear” (Michael Johnston) —único habitante de la friendzone en el planeta Nikki— cuando hablan del libro que pretende escribir. La aclaración no solo está dirigida al chico, sino también al espectador. Obsesión (Obsession, 2025), efectivamente, no tiene nada de romántico; estamos, básicamente, ante una película en la que un tipo obliga a una mujer a que lo quiera gracias al deseo de un aparentemente inofensivo artefacto. Pero, a fin de cuentas, sí que se trata de un relato de amor, uno sumamente retorcido en el que afloran la inseguridad, la codependencia, el chantaje y la coacción; el lado más oscuro de las relaciones de pareja. Con una película que mezcla brillantemente comedia y terror, Curry Barker da el salto de YouTube a la pantalla grande, confirmando que algunos —por supuesto que no todos— jóvenes creadores de contenido en Internet han adquirido las herramientas necesarias para provocar al público y convertir las preocupaciones de su generación en algo realmente interesante.
Obsesión, en apariencia, es un ejercicio sencillo sobre “ten cuidado con lo que deseas”, pero varios aspectos inmediatamente llaman la atención. El primero, obviamente, es la magnífica actuación de Navarrette, que con este trabajo consigue entrar al canon de las grandes interpretaciones de género. A partir de la dirección de Barker, Navarrette concibe un personaje absolutamente espeluznante que nos remite a otras dos muy icónicas, la de Mia Goth en Pearl (2022) y la de Toni Collette en El Legado del Diablo (Hereditary, 2018). Barker, buscando una representación de la toxicidad en su máximo esplendor, crea un entorno que realza por completo lo desquiciado de Nikki; las sombras, por ejemplo, juegan un papel decisivo en la interpretación de Naverrette, pues la forma en que la protagonista se mantiene en la oscuridad en diversas escenas tiene un efecto bastante inquietante.

Uno de los grandes aciertos de Barker es conducir el relato por una ruta en la que, a pesar de las acciones de Nikki, deja perfectamente en claro que la mujer es la víctima de esta situación. El comentario social resulta más que pertinente. El deseo de “Bear” habla de una profunda y perturbadora intención de un hombre de someter a una mujer en todo sentido. El muchacho, aun cuando es concebido por el director/guionista como un buen tipo, al principio desestima las implicaciones morales de lo que está pasando, y no es hasta que horribles sucesos tienen lugar que se da cuenta de que lo que hizo no estuvo bien. Obsesión, básicamente, hace referencia a la violación, tanto física como emocional, de una joven privada de su libre albedrío. Nos topamos con una relación tóxica alimentada por un control masculino que no necesita exactamente de violencia convencional para perpetuarse. Los momentos más espeluznantes de la película surgen cuando la Nikki que conocemos al principio se hace sentir breve pero contundentemente a través de un cuerpo que ya no es suyo. Apelando a la ironía y a un humor muy macabro, Barker voltea las cosas y nos presenta la versión enamorada de Nikki como una pareja manipuladora y altamente inestable. Pero, al final del día, el verdadero villano es él y la manera en que aniquila por completo la independencia de una mujer con un fin meramente egoísta.
Obsesión se da el lujo de incorporar una buena dosis de absurdismo en la trama, casi como un episodio de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964). Las disparatadas escenas que hacen gala de esto resultan efectivas por su compromiso con lo inesperado. La forma en que la cinta transita entre el terror, el drama y la comedia se siente orgánica y convincente. Y, por suerte, el guion prescinde de cualquier sobreexplicación, como hizo Together: Juntos Hasta la Muerte (Together, 2025), cuyo concepto también aborda las complejidades de las relaciones de pareja.

Barker deja una muy grata impresión con su ópera prima y se posiciona como una promesa del género. Obsesión es impredecible, entretenida, reflexiva, astuta y exquisitamente descabellada. Los últimos 20 minutos elevan la brutalidad y la crueldad a un nivel inimaginable —el gore abunda—, y lo mejor de todo es que nada de esto se percibe como gratuito. Ciertamente, esto no es un romance, pero sí una historia de amor, aunque no como hubiéramos imaginado. Felicidades a Blumhouse por tener al fin una buena película en sus manos.










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