Hay algo indudablemente inquietante en Undertone: Frecuencia Maldita (Undertone, 2025). Por supuesto que contextualizar canciones infantiles en películas de terror no es nada nuevo, ni tampoco exponer lo tétrico que pueden llegar a sonar cuando las reproducimos en reversa; sin embargo, el director y guionista Ian Tuason encontró la manera de revalorizar el concepto, al menos hasta cierto punto, con su ópera prima. Enfocándose enteramente en el sonido y en el fuera de campo, su trabajo ofrece una dosis de terror analógico cuyas herramientas resultan su mayor atractivo. Desafortunadamente, a pesar de un comentario interesante acerca de la crianza católica y el sentimiento de culpa derivado de ella, la cinta termina desarrollando una historia trillada que culmina con una secuencia que bien podría haber sido sacada de la franquicia de Actividad Paranormal.
Tuason apuesta por una propuesta minimalista situada en una sola locación: la casa de “Evy” (Nina Kiri), presentadora de un podcast de terror —en el papel de la escéptica—. Esta debe cuidar a su madre (Michèle Duquet), una enferma terminal. Cuando su compañero, Justin (Adam DiMarco) —en el papel del creyente a veces iluso—, le llama para que escuche misteriosas grabaciones que acaba de recibir, literalmente, todo se va al demonio. Estos audios —varios con aparentemente inofensivas canciones infantiles— se vuelven pieza clave del relato —claro, el puntual diseño sonoro resulta fundmanetal para la inmersión—; el espectador escucha junto a Evy en tiempo real lo que acontece y tiene que imaginar el horror que representan; aunado a ello, la cámara, que usualmente se centra en las reacciones de la protagonista, se sitúa en rincones de la casa moviéndose situalmente para crear una suerte de espacios líminales al interior de la casa. La sensación de acecho es incesante, e incluso Evy responde a ello. Cierta eco de Skinamarink (2022) se percibe en la atmósfera de este universo.

El aspecto más interesante de la película se encuentra en las referencias a lo que implica el catolicismo hoy en día. Evy es una mujer católica cuya fe realmente no tiene trascendencia en su vida; su madre, una ferviente creyente, yace en su lecho de muerte —el problemático vínculo que mantuvo con ella remite a la infravalorada Relic: Herencia Maldita (Relic, 2020), y un reciente descubrimiento personal le ha puesto en jaque emocional y espiritual. Alrededor de ella, cualquier cantidad de imágenes sacras, a las que Tuason presta bastante atención en distintos momentos, parecen juzgarla con su mera presencia. Ese sentimiento de culpa permanente que se imbuye a todo católico desde pequeño florece en Evy, creando un profundo malestar, alimentado aún más por la historia que poco a poco se va desenvolviendo en los audios de Justin —casi como una creepypasta—, que parecen tener algo sumamente familiar conforme los va escuchando. De nuevo, usar la imaginería católica en un sentido siniestro no tiene nada de original, pero Tuason al menos ofrece argumentos narrativos del porqué de su existencia aquí.

El principal problema de Undertone emerge cuando la trama toma el camino que hemos visto hasta el cansancio tanto en el terror elevado como en el mainstream: la amenaza de un demonio mitológico que pretende cobrar nuevas víctimas para saciar su sed de… maldad. La explicación del origen de todo se vuelve cansada y aburrida; además, la dinámica entre los protagonistas se torna repetitiva. Definitivamente, un cortometraje habría funcionado mejor. A pesar de un giro de tuerca en el último acto, la cinta no puede dar el golpe sobre la mesa que pretendía, ni siquiera con una secuencia final que también recuerda a El Proyecto de la Bruja de Blair (Blair Witch Project, 1999). Llaves de agua que se prenden solas; sillas pegadas al techo; rayones supuestamente sin sentido que, eventualmente, revelan algo macabro; luces que se prenden y se apagan… Los clichés no se hacen esperar. Nos quedamos, de cualquier manera, con buena parte de lo que vino antes: una exploración de la fe en medio de la desolación y del más tétrico de los entornos sonoros.









