En Solo por una Noche (One Night Only, 2026), por disposición gubernamental, la gente soltera tiene prohibidas las relaciones sexuales, excepto un día al año, que, por supuesto, se convierte en la jornada más caliente del calendario. Así, acopañamos a dos extraños durante 12 horas en las que intentan encontrar a alguien con quien… coger, hasta que sus caminos se cruzan y surge algo más que un acostón. Básicamente, el concepto mezcla una comedia romántica ordinaria con una distopía sacada de algo así como la franquicia de La Purga. Podría ser una película inofensiva más, pero el universo que propone despierta una inquietante sensación que, inadvertidamente o no, parece emanar de las políticas conservadoras que están haciendo de Estados Unidos el enclave absoluto de todo lo que significa “retrógrado” en pleno siglo XXI.
Una vibra similar a la de cualquier episodio de Black Mirror (2011-) se siente desde el comienzo; se supone que estamos ante una sociedad controlada por un Estado fascista estilo El Cuento de la Criada, pero resulta evidente que nadie tiene mayor problema con ello. Allie (Monica Barbaro) expresa su descontento con la política, aunque lo toma más como algo anecdótico que como algo indignante. Owen (Callum Turner) simplemente fluye. Por más que se trate de una comedia romántica boba, el discurso resulta problemático —por otras razones, pero a Amores Materialistas (Materialists, 2025) le pasó lo mismo— principalmente por el momento sociopolítico que atraviesa la humanidad con el avance total de la ultraderecha. Ser testigos de cómo los protagonistas viven una linda aventura bajo la mirada de un gobierno facho y opresor no tiene nada de cómico ni de romántico. El intento de sátira es pobre, miope y profundamente perturbador.

Solo por una Noche sería una basura total si no fuera por Barbaro y Turner. Si bien sus personajes están lejos de ser interesantes o complejos, la pareja que forman tiene la chispa suficiente para lograr que el ejercicio sea un poquito menos insoportable. La sensualidad que derrochan con sus cuerpos se ajusta a la premisa; desafortunadamente, la posición antisexo de la película —el final lo grita a los cuatro vientos— evita que las cosas se pongan verdaderamente candentes. Vamos, estamos ante una comedia sexual como tal; por suerte, Olivia Wilde sí se atrevió a ir más allá con La Invitación (The Invite, 2026) al poner en entredicho las creencias de sus protagonistas. Aunado a ello, el guionista Travis Braun y el director Will Gluck tuvieron la terrible idea de mantener separados a los personajes principales durante casi la mitad de la película, lo que impide que su conexión resulte intensa o siquiera creíble. A pesar de una dinámica que recuerda a Después de Hora (After Hours, 1985), la ejecución no funciona.

Solo por una Noche se une a otras recientes comedias románticas como Firma Aquí (2024) y Eternidad (2025) que agregan un toque de fantasía o ciencia ficción a sus historias de amor. Desafortunadamente, este trabajo se niega a que sus personajes cuestionen el entorno en el que viven, cosa que sí hacen los otros títulos mencionados, en mayor o menor medida. Con chistes básicos, una insistencia en lanzar una canción famosa tras otra como mero adorno y un discurso que termina por enarbolar valores conservadores —las implicaciones de la prohibición para la comunidad LGBTIQ son omitidas—, la película se ve desprovista de filo, gracia o de algún tipo de significado o relevancia. Que uno de los personajes se pregunte si los fascistas quizá tenían razón lo dice todo.









