Hace una década, Veronika Franz y Severin Fiala exploraron el estrés postraumático de una madre en duelo con la genial Dulces Sueños, Mamá (Ich Seh, Ich Seh, 2014), una obra de terror psicológico que resuena hoy con Haz que Regrese (Bring Her Back, 2025), lo nuevo de los youtubers convertidos en cineastas Danny y Michael Philippou, que dan un paso adelante en su carrera con una película más grande temáticamente hablando que su ya de por sí muy cumplidora ópera prima Háblame (Talk to Me, 2022). Creando por momentos una experiencia desconcertante para el espectador a través de imágenes perturbadoras y conceptos estremecedores, los australianos se alzan ya como una realidad del cine de terror contemporáneo. Con una íntima historia moldeada a partir de la desolación y la pérdida consiguen proyectar un malestar que se incrusta en la piel como si de astillas se tratase.
En apenas su segundo largometraje, los hermanos Philippou demuestran un notable entendimiento del rol de director. Su vasta experiencia en los videos de YouTube, sin duda, ha resultado fundamental en su trabajo con actores profesionales; su acercamiento, claramente, debe ser poco convencional, pero queda claro que tienen talento, principalmente siendo testigos de lo que han sacado de Sally Hawkins, una actriz nominada al Óscar, prácticamente, ajena a este género. La británica muestra un compromiso total con lo perturbador y lo visceral, haciendo de su personaje, una madre dedicada a darle hogar a unos niños huérfanos, pero que en su noble tarea encierra un terrible y triste secreto, uno muy crudo. Hawkins, fiel a la tradición psycho–biddy —subgénero en el que una mujer con un desajuste mental aterroriza a los demás—, con ayuda de los Philippou, crea una antagonista cuya horrorífica motivación tiene la más desconsoladora justificación.

Haz que Regrese recoge la parte más depresiva de Dulces Sueños, Mamá y la más espeluznante de El Legado del Diablo (Hereditary, 2018) para construir un drama familiar acerca del carácter cíclico del duelo, lo cual, por supuesto, se asoma constantemente no solo con lo que viven los personajes, sino también a través de simbolismos circulares recurrentes. El dolor de Laura (Hawkins), además, se hace todavía más palpable y peligroso cuando resulta evidente que se ha dejado consumir por él; vivir para este sentimiento se vuelve la idea central de la película, que pronto se interna en lo sobrenatural para darle un giro terroríficamente más literal. Los traumas aquí representados recuerdan a lo que Ari Aster hizo con una endiablada dinámica familiar en su primera cinta.
Los Philippou, igualmente, prueban ser muy buenos manejando elencos juveniles. Primero lo hicieron en Háblame, y ahora aquí, en la que, principalmente, Sora Wong y Jonah Wren Phillips dejan una gran impresión. Vale la pena destacar al segundo, cuya interpretación casi muda se vuelve verdaderamente atemorizante. Billy Barratt, como el hermanastro mayor, tampoco lo hace mal; un personaje que recuerda mucho al de Sophie Wilde en Háblame: dos jóvenes agobiados por la pérdida que deben hacer frente a relaciones problemáticas y profundas heridas emocionales. Los Philippou indagan nuevamente en nuestra relación con la muerte para hablar y sacar a relucir la parte más oscura de nuestra existencia, sobre todo cuando nos mueve lo más negativo.

Haz que Regrese, con una trama terrenal y otra sobrenatural, presenta el duelo como una fuerza extremadamente poderosa que puede convertirse en la amenaza más grande que puede llegar a enfrentar una persona. Transitando un terreno psicológico y visual más brutal que el de su esfuerzo anterior, los Philippou quizá no pongan nada nuevo sobre la mesa, pero, al final del día, lo que cuenta es cómo lo ponen. Con escenas realmente grotescas, un sólido guion y actuaciones sumamente convincentes, la película se vuelve una señal más de que los Philippou van por buen camino en cuanto a cineastas de género. He aquí una cinta que se une a The Babadook (2014) como otro gran exponente del terror psicológico australiano.









