Reconstruir las ruinas que habitamos física y espiritualmente, de esto trata Rebuilding (2025), cinta seleccionada en el Festival de Sundance que recupera el lado más contemplativo del western para explorar el Estados Unidos profundo y a sus habitantes, individuos comunes y corrientes con pocas oportunidades y que sobreviven al día. Con esta íntima y modesta película, el director y guionista Max Walker-Silverman echa mano del ya muy popular Josh O’Connor para hacer un breve pero emotivo estudio de personaje basado en la resiliencia y el sentido de comunidad. Si bien varios clichés se apoderan de la trama por más tiempo del que uno desearía, el acercamiento honesto y minimalista resulta suficiente para decidirse a acompañar a un ranchero sumido en el abismo y en su escalada hacia la superficie.
La historia comienza después del desastre: “Dusty” (O’Connor) ha perdido su rancho en un voraz incendio forestal. Desahuciado, no tiene más remedio que aceptar vivir en un remolque para damnificados proporcionado por el gobierno federal. Con sus tierras inservibles y sin empleo, el mundo se le viene completamente abajo, y ni siquiera el hecho de que su pequeña hija, Callie Rose (Lily LaTorre) —que vive con la exesposa (Meghann Fahy)— quiera estar con él parece animarlo a comenzar de nuevo. La única opción: irse lejos como empleado al rancho de su prima. O’Connor ya ha dado actuaciones contenidas en el pasado, pero ahora trabaja desde la desesperación y la frustración, regalándonos un personaje que luce como si estuviera a punto de derrumbarse en cada escena. Con una buena dosis de estoicismo, el inglés nos invita a vivir la zozobra de Dusty, y no para que sintamos lástima, sino para que entendamos lo que siente. Empatía ante todo.

Walker-Silverman impregna su obra de una melancolía que le viene como anillo al dedo a las constantes imágenes de vastedad rural que el director de fotografía mexicano Alfonso Herrera Salcedo captura. Sin embargo, lo anterior también nos conduce por sendas demasiado familiares. El guion se va a la segura llevando a Dusty hasta su punto más bajo, solo para que un hecho fortuito se convierta en el empujón que necesita para resucitar anímicamente. No hay duda de que el optimismo de Walker-Silverman y la esperanza que ofrece son un aliciente en tiempos tan oscuros, pero el final feliz no pega realmente como quizá esperó. Aunque las imágenes y los sentimientos son lindos, la crudeza derivada del abandono y la pérdida, lo más interesante del relato, queda en segundo plano. Hay guiños a un drama familiar más contundente —Amy Madigan, de hecho, aparece como la suegra con un papel muy limitado—, pero queda claro que la dirección narrativa era otra.

Rebuilding, al final, enaltece la conexión con la naturaleza y la comunidad —algo que emparenta la cinta con la obra temprana de Chloé Zhao—. El desastre parece haberlas destruido, pero el acercamiento que Dusty tiene con ellas durante toda la película nos invita a reflexionar sobre su papel en nuestras vidas. Los individuos que también viven en remoloques desplazados por el incendio estarán limitados dramáticamente —Kali Reis, por ejemplo, aparece y desaparece constantemente—, pero en conjunto representan el inicio del proceso de sanación en el que nuestro frágil protagonista teme embarcarse. Con este filme, Walker-Silverman y O’Connor —y una reconfortante selección de temas country—, adoptando una vibra y una lírica similares a la de Sueño de Trenes (Train Dreams, 2025), nos recuerdan que no tenemos que estar solos al afrontar los momentos más complicados: siempre habrá alguien dispuesto a acompañarnos y a hacernos ver que vale la pena comenzar de nuevo, las veces que sea necesario.
Rebuilding está disponible en Netflix.









