Peaky Blinders (2013-2022), a pesar de los cabos que muchas grandes series suelen dejar sueltos, terminó satisfactoriamente para buena parte de sus fans. Por supuesto, en un mundo en el que los estudios simplemente no pueden resistirse a la tentación de seguir explotando franquicias que ya cumplieron su ciclo de vida, resulta poco sorpresivo que la serie esté de vuelta, ahora en forma de una película de Netflix, con todo lo que eso conlleva, principalmente para mal. Si bien hasta cierto punto es grato ver una vez más a un personaje tan icónico como Tommy Shelby (Cillian Murphy), sus creadores recorren peligrosamente la línea que divide la continuación de la autoparodia. El Hombre Inmortal, sin duda, tiene algunos momentos que harán sentir a sus fans como si estuvieran viendo nuevamente su programa favorito, pero otros más hacen pensar que lo económico fue lo único que motivó esta resurrección —muy temprana, además—.
La película, ambientada unos años después del final de la serie, nos sitúa en plena Segunda Guerra Mundial; mientras Inglaterra es asediada por los nazis y a punto de sufrir un poderoso ataque sin necesidad de bombas, Duke (Barry Keoghan), el hijo de Tommy, dirige erráticamente a los Peaky Blinders. Lejos, el padre medita sobre su pasado escribiendo sus memorias. Los fantasmas de ayer lo obligan a volver para poner en cinta a su descendiente y, de paso, salvar a su país. Curiosamente, la trama parece un reflejo de lo que Netflix y el productor/guionista Steven Knight han hecho con Peaky Blinders: traerla a la fuerza para revivir su vieja gloria, aunque sea solo por un instante —más o menos como ocurrió con El Camino: Una Película de Breaking Bad (El Camino: A Breaking Bad Movie, 2019), a diferencia de que aquella sí entendió lo que era un epílogo—. Knight, inspirándose en la Operación Bernhard —que comprendía la introducción de millones de libras esterlinas falsas para quebrar la economía nacional—, se nota sin ideas frescas para tratar de darle nueva vida a su creación. El concepto de los Shelby peleando contra los nazis se escucha increíble, pero más bien para una temporada completa, no para menos de 120 minutos en los que todo pasa y se resuelve muy rápido. La posibilidad de explotar la intriga y la acción de este hecho histórico se ve truncada por el formato.

Peaky Blinders: El Hombre Inmortal (Peaky Blinders: The Immortal Man, 2026) se siente como un grandes éxitos de la serie, aunque con apenas una chispa muy tenue de lo que la hizo explotar la década pasada. Murphy, claro, hace lo suyo volviendo a encarnar a Shelby, ahora en su etapa crepuscular y bastante más introspectivo. El problema es que el material cuasishakespeariano que Knight le da resulta reiterativo y poco original. Ya sabemos que Tommy es perseguido por su estrés postraumático, pero el escritor, quizá por mandato de Netflix, decide enfocarse en ello para que quienes se acercan a esta propiedad intelectual por primera vez lo tengan claro. Ok, podemos pasar eso por alto. Pero ¿qué pasa cuando los demás personajes no son atractivos? Stephen Graham, que parecía hecho para este universo, tiene un papel muy irrelevante; Barry Keoghan hace de uno de esos sujetos excéntricos e implacables que tanto le quedan, pero su caracterización es meramente superficial; y Rebecca Ferguson, con un personaje que tiene mucho que ver con el pasado de Tommy, se incopora en la trama de manera muy forzada, sus motivos aparentan ser difusos, pero más bien se perciben como mal escritos.

El Hombre Inmortal, obviamente, nos trae una excelente selección musical, soportada ahora en gran medida por Grian Chatten —vocalista de Fontaines D.C.—. El cantante parece haber nacido para hacer temas musicales para este universo, y vaya que lo hace bien; sin embargo, da la impresión de que varias secuencias están diseñadas para acompañar la música y no al revés; es como si la trama aventara una canción tras otra —incluyendo la infaltable participación de Nick Cave— para que los espectadores no olviden que, en efecto, están viendo Peaky Blinders. La película, cuyo conflicto se ve estancado durante todo el segundo acto, tiene muchos problemas para explorar al mismo tiempo la acción alrededor del plan nazi y la relación fallida entre padre e hijo; esta última comienza a tener impacto hasta el final, cuando ya es demasiado tarde. Si tan solo el guion de Knight hubiera profundizado ese cuestionamiento que plantea alrededor de lo bueno que puede salir de lo malo, así como en el ángulo político, estaríamos hablando de otra cosa. La prisa por rendirle un tributo a Tommy Shelby carece de la carga emocional que merecía esa secuencia final.
Peaky Blinders: El Hombre Inmortal está disponible en Netflix.









