En El Bosque Salvaje: Wildwood (Wildwood, 2026), Prue no cree en la magia ni en la fantasía; solo la pequeña burbuja en la que vive tiene sentido. Pero una inesperada aventura en un mundo escondido pronto pone a prueba su pesimismo. Así como la protagonista descubre, eventualmente, lo mágico en la naturaleza, como espectadores vivimos una experiencia similar con el nuevo proyecto de Laika, una obra maestra que nos hace volver a creer en la magia del oficio. En una época oscura en la que la artesanía y la creatividad están seriamente amenazadas por la homogeneización que ha traído consigo la inteligencia artificial, el trabajo titánico detrás de esta producción representa un atisbo de esperanza: la posibilidad de volver a sorprendernos con algo hecho a mano. Así como Prue se da cuenta, la magia de las pequeñas cosas nos hace creer, una vez más, que todo es posible.
Basada en la serie de fantasía del mismo nombre, de Colin Meloy y Carson Ellis, Wildwood combina el estilo de vida tan en contacto con la naturaleza del noreste de Estados Unidos, una especie de cuento de hadas de corte oscuro, ciertos conceptos de Alicia en el País de las Maravillas y de Las Crónicas de Narnia, y una épica que bien podría compararse con la de El Señor de los Anillos. Durante más de media década, Laika trajo a la vida un relato cautivante cuya mitología se nutre de la compleja relación que el ser humano tiene con la naturaleza, a veces armoniosa y generalmente destructiva. La película nos adentra en un bosque en las afueras de Portland que alberga en secreto una comunidad en la que cohabitan hombres, mujeres y animales —que caminan y se visten como personas, pero cuyo instinto salvaje sigue presente, muy al estilo de BoJack Horseman (2014-2020)—. Pero, al igual que en el mundo que conocemos, las diferencias políticas y los intereses están por destruirlo todo.

Entonces, Prue y su compañero Curtis, llevados a este lugar en una misión de rescate, se convierten en nuestros guías; junto a ellos vamos descubriendo una tierra en la que los coyotes son soldados, las aves viven alejadas del resto, unos bandidos están en peligro de ser desplazados y una mujer tan brutal como poderosa tiene en jaque a toda la población a causa de un dolor personal muy profundo. Suena a demasiado, pero el director Travis Knight y el guionista Chris Butler consiguen que la mitología y la construcción del universo no se sientan pesadas; la exposición es informativa, pero también contribuye a que nos metamos de lleno en el conflicto entre facciones. Aunado a ello, la acción, la comedia y el drama están muy bien equilibrados.
La tragedia empapa cada rincón de Wildwood, por lo que estamos ante una obra que no teme introducir conceptos relativamente perturbadores e incluso violencia gráfica; la muerte es casi un personaje más. En ese sentido, el duelo casi bíblico que motiva a la Viuda Gobernadora a hacerse con el control del territorio da como resultado una villana cuyo desarrollo de personaje nos permite identificarnos con ella hasta cierto punto. ¿Cuándo debemos soltar? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar con tal de enmascarar nuestro sufrimiento? Su arco, de hecho, se conecta con el de la familia de Prue, que adquiere mayor relevancia conforme la historia avanza. El drama familiar completa a Prue como heroína e incluye un giro que lleva a otro nivel lo que está en juego. Podrá parecer una narrativa simple, pero vaya que hay cuestiones complejas que hacen de estos personajes seres humanos imperfectos. Y ni hemos hablado de Curtis, cuya travesía en solitario se vuelve un coming of age en el que la inocencia se pierde para siempre. Madurar a la fuerza y de la forma más violenta posible.

Y claro, el nivel técnico desplegado aquí no tiene precedentes. La fluidez del stop motion es tal que, por momentos, da la impresión de que estamos ante una animación completamente digital. Basta con ver las numerosas persecuciones y la impresionante batalla final para darnos cuenta del nivel de detalle y el esfuerzo que tuvo que haber para lograr estas impactantes secuencias. Toda la experiencia de Knight con la técnica culmina en esta obra maestra, que representa un parteaguas para este tipo de películas.
Wildwood nos regala una protagonista tan entrañable como Coraline y un mundo fantástico tan extraordinario como el de Kubo y la Búsqueda Samurái (Kubo and the Two Strings, 2016). Se trata de una película generacional que nos hace volver a creer que la magia está entre nosotros y que se puede manifestar con nuestras propias manos.









