En diciembre de 1974, la escritora Linda Rosenkrantz sostuvo una conversación grabada con el fotógrafo Peter Hujar para hacer una pieza acerca de la vida diaria de un artista. La grabación quedó destruida, pero una transcripción sobrevivió. Fue así como el cineasta Ira Sachs decidió revivir la charla con una representación cinematográfica. En ella, observamos principalmente a Hujar hablar (Ben Whishaw) y a Rosenkrantz (Rebecca Hall) escuchar durante 70 y tantos minutos. De eso va Un Día con Peter Hujar (Peter Hujar’s Day, 2025), una obra única que, a pesar de caer en el inevitable tedio que su naturaleza trae consigo, ofrece un vistazo muy peculiar a un sentimiento de época a través de la frustración de un artista “en una ciudad en la que nadie estaba haciendo dinero”.
Con esta película, Sachs apela a lo más contenido de la esencia teatral para concebir una especie de docuficción biográfica. Con la acción transcurriendo en un espacio único, la ambientación de época, por supuesto, recae en la decoración del departamento de Hujar —que es más que convincente—, pero también en el poder de la palabra; las descripciones que hace Hujar de su día nos permiten imaginar con precisión la cotidianidad neoyorquina de los 70. El Zeitgeist transmitido enteramente por medio de los diálogos.

Wishaw queda absorbido completamente por el personaje. El británico se disuelve en sí mismo con su interpretación. Durante 70 minutos verdaderamente podemos visualizar al verdadero Hujar interactuando con figuras como Allen Ginsberg gracias a las descripciones tan carentes de emoción pero detalladas que proporciona Whishaw. Y es justamente esa falta de efusividad lo que hace de su actuación algo tan atractivo; sus palabras se vuelven hipnóticas desde muy temprano, aun cuando la inflexión en apariencia no invita a involucrarse. Se nota bastante el trabajo de Sachs con Whisah para encontrar la entrega ideal para hacerla tan realista como contenida.
El bloqueo, por supuesto, resulta fundamental en este ejercicio. Si bien la mayor parte del tiempo vemos a estos personajes sentados y casi inmóviles, sutiles movimientos aportan cierto dinamismo a la acción dentro del cuadro, logrando incluso que sintamos la vibra de la ciudad que se cuela por la ventana.

Un Día con Peter Hujar, por supuesto, puede llegar a ser desesperante a pesar de su corta duración. Paciencia y un absoluto interés por estos personajes son necesarios para adentrarse en una obra que, al final, recompensa con su gran trabajo de iluminación — el grano de la fotografía de Alex Ashe es exquisito, por cierto— , de puesta en escena y de recreación. Se trata de una obra íntima que funciona como estudio del desenvolvimiento de un artista en un entorno que no le permite vivir de ello.
Un Día con Peter Hujar está disponible en MUBI.









