Crítica – Pasajero: tomar el volante de la vida

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“¿Acaso no es el amor el punto?”, le dice Colin (Harry Melling) a Ray (Alexander Skarsgård), su pareja, cuando una pequeña acción del primero comienza a poner de cabeza el mundo del segundo. Ambos están en una relación BDSM —incorrectamente denominada sadomasoquista, aunque comúnmente conocida así—. En su sorprendente ópera prima, Harry Lighton pinta un panorama muy acertado de lo que hay detrás de estas relaciones dentro del espectro de la sexualidad alternativa —sin aburridas explicaciones de por medio—, y también de la satisfacción que emana del autodescubrimiento y de darse cuenta de lo que uno quiere, en este caso, del amor y el sexo. Con dos actuaciones principales sumamente comprometidas y una representación que no cae en el juicio ni en la burla, Pasajero (Pillion, 2025) nos regala una de las más inesperadamente conmovedoras comedias románticas de los últimos años.

Melling ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera hasta ahora como un joven gay con un trabajo monótono —y que todavía vive con sus papás— que cae perdidamente enamorado de un guapo y fornido motociclista miembro de un club en el que practican el BDSM. Más diferentes no podrían ser. Sabiendo exactamente en qué se está metiendo como la mitad sumisa de la relación, Colin se topa de golpe con las excentricidades a las que debe someterse para estar junto a esa persona especial. Lo que hace el británico es sencillamente espectacular. Su evolución como personaje es creíble de principio a fin; la forma en que proyecta el descubrimiento de que quiere ser dominado, irónicamente, dándole más poder que nunca, es tan entrañable como fascinante. Si bien Lighton le da todas las armas para brillar, el actor extraído del universo de Harry Potter vuelve a demostrar que es uno de los principales talentos que salieron de ahí. Su vulnerabilidad y ternura no provocan lástima, sino más bien una profunda empatía.

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Imagen: BBC Film, BFI, Element Pictures

Skarsgård no se queda atrás con un rol que hace gala por completo de su incontestable belleza, la cual complementa con una actuación inexpresiva y enigmática que por muchos momentos raya en lo amenazante. En el papel, la química entre estos dos actores luce poco probable, pero el gran compromiso de ambos —las escenas de sexo abundan, pero nunca se sienten explotadoras, por más increíble que parezca— y la precisa dirección de Lighton les permiten andar por el mismo camino a pesar de los tonos distintos en los que se mueven cada uno. Además, la transformación no solo recae en Colin, pues Ray también experimenta un cambio sustancial que nos deja uno de los instantes más desoladores de la película durante el tercer acto: una difícil decisión motivada por el amor más puro y después de que los roles finalmente quedan a un lado. Los padres de Colin también juegan un papel importante en la trama: mientras que a la mamá (Lesley Sharp) le cuesta trabajo entender el acuerdo entre su hijo y Ray, el papá (Douglas Hodge) se muestra más comprensivo de la situación. Este par de personajes representa tanto alivio cómico como un abrazo de aceptación y orgullo.

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Imagen: BBC Film, BFI, Element Pictures

En el título de Pasajero, inspirada en la novela de Adam Mars-Jones, podemos encontrar una parte del significado de la obra: sentir que la vida nos lleva sin que podamos fijar el rumbo. Varios insertos entre escenas nos muestran cómo Colin acaricia el cuero de Ray al sujetarse fuerte de él en la parte de atrás mientras este conduce su moto; los movimientos son sutiles y de una satisfacción total, tanto en lo visual como para el protagonista, pero en lo absoluto se comparan con, como sucede más adelante, cuando finalmente toma el control del vehículo a la fuerza y se va solo por primera vez. La excitación es palpable. Así como El Drama (The Drama, 2026), esta película pone sobre la mesa las dinámicas dentro de una relación, principalmente cuando un hecho extremo pone en duda su estabilidad. Pero, sobre todo, se trata de una especie de coming-of-age —muy gráfico, eso sí— que, sin embargo, no deposita todo el peso de su impacto en el efectismo o el escándalo —vicio en el que cae un poco Babygirl (Babygirl: Deseo Prohibido, 2024)—; su gran valor reside en la posibilidad de encontrar eso que realmente nos satisface y que nos hace sentir completos tanto física como emocionalmente. El conocimiento de los límites y de las demandas no negociables. Porque, como Colin canta con su conjunto al final: “Cuando tu mundo se pone de cabeza, ¿por qué no sonreír?

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