Podría decirse que Jim Jarmusch entró en la etapa crepuscular de su carrera con Paterson (2016), aquella película contemplativa sobre las nimiedades y la poesía como una manera de reinventarse. Después de una parodia —Los Muertos No Mueren (The Dead Don’t Die, 2019)— en la que simplemente quería probarse y divertirse en otro género, el icónico autor estadounidense vuelve con Padre Madre Hermana Hermano (Father Mother Sister Brother, 2025), otra antología que, en esta ocasión, examina las relaciones familiares desde lo más incómodo de la cotidianidad. Este tríptico, aunque aparentemente un trabajo menor en comparación con sus obras de cambio de siglo, encuentra en la repetición, lo inexpresivo y lo no dicho o hecho una forma de mostrar la imposibilidad de comunicarnos realmente con aquellos que queremos o que creemos que queremos.
La primera historia trata sobre dos hermanos de mediana edad que visitan a su padre, quien, supuestamente, apenas se puede mantener debido a su enfermedad y a sus escasos recursos. Jarmusch plantea el encuentro desde su distinta comedia inexpresiva: los silencios son largos y las interacciones llaman la atención ya sea por el tono sarcástico de Emily (Mayim Bialik), la inseguridad de Jeff (Adam Driver) o la fragilidad del papá (Tom Waits). Sabemos inmediatamente que algo profundamente roto mantiene desunida a esta familia; el drama parece inminente a pesar de la poca información disponible, pero Jarmusch remata con una graciosa revelación que toma por sorpresa al espectador y, de paso, posiciona la mentira como base de las relaciones familiares, por la que no duda en brindar a lo largo de la antología.

El segundo relato, acerca de dos hermanas (Cate Blanchett y Vicky Krieps) muy diferentes entre sí que visitan a su recatada madre (Charlotte Rampling), redobla la intención de examinar las fracturas planteando un tenso encuentro entre tres mujeres que toman el té y comen pastelillos. Jarmusch muestra los obstáculos que enfrentan no solo a través de la ausencia de diálogos, sino también visualmente; un florero, por ejemplo, se interpone entre ellas mientras intentan platicar, y la cámara hace lo suyo colocándolo en un abrumador primer plano con tres tomas distintas. El segmento transcurre más o menos igual que el primero: cada una habla un poco sobre su vida; comen, beben, se estresan y luego se van por su lado. De nuevo, lo que no se dice parece ser lo más importante. Aunado a ello, Jarmusch retoma situaciones del anterior para emplear la repetición como un principio narrativo en la película: relojes caros, agua, patinadores, COVID, coches viejos… Cosas o situaciones que todos observamos de manera distinta.

Finalmente, el tercer segmento da un giro de 180 grados y abraza la calidez a partir de la pérdida de dos gemelos cuyos padres murieron en un terrible accidente. Aquí, Jarmusch finalmente nos muestra un vínculo afectivo que fluye y se nutre de ambas partes. Indya Moore yLuka Sabbat dan vida a dos hermanos en total sintonía con sus emociones y vulnerabilidades. El director ofrece un tierno y melancólico abrazo al alma en el final, no sin antes observar a estos individuos respondiendo de forma distinta a los mismos elementos empleados en las dos historias previas. Padre Madre Hermana Hermano quizá no sea uno de los trabajos más estimulantes o atrevidos de Jarmusch, ni tampoco entre sus varias antologías; sin embargo, este acercamiento netamente humano a los lazos de familia expone las diferentes facetas del amor, la compasión, los engaños y el paso del tiempo.









