Crítica – El Drama: una anticomedia romántica sobre la empatía

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¿Qué harías si tu pareja revelara su secreto más oscuro y perturbador cuando le preguntases qué es lo peor que ha hecho? Con sus tres películas, Kristoffer Borgli ha partido de cuestionamientos incómodos como este: ¿qué harías para obtener más atención? ¿Qué harías si fueras víctima de la llamada “cultura de la cancelación”? La obra del noruego se ha nutrido de las complejidades surgidas en la era digital, definidas en buena parte por las redes sociales, el mundo donde aparentamos ser lo que publicamos. Pero ¿somos también lo que no hacemos o lo que pensamos? En El Drama (The Drama, 2026), el conflicto se centra precisamente en eso y en las implicaciones para aquellos que nos rodean, especialmente nuestras parejas. Así, Borgli presenta una anticomedia romántica muy retorcida que, aunque irregular por momentos, pone al espectador entre la espada y la pared al proponerle puntos de vista moralmente ambiguos sobre varios temas en boga.

Hay algo particularmente emocionante en descubrir el origen del drama en El Drama, así que aquí no lo revelaremos. Borgli maneja muy bien el preámbulo, depositándonos en una especie de in media res de la relación entre Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya), quienes están a unos días de casarse. En el prólogo, el guion muestra con un flashback quiénes son estos personajes a través de su primer encuentro y la forma en que lo recuerdan y se lo cuentan a sus amigos y amigas. Desde este instante, la película deja en claro sus intenciones: la imagen que nos creamos de la persona que amamos. Esto es puesto a prueba con el primer clímax de la historia, cuando Emma finalmente revela qué es lo peor que ha hecho, que, para no decir más, tiene mucho que ver con un fenómeno específico que ha azotado a Estados Unidos en la última era, y que quizá es por eso que varios medios especializados en aquel país han otorgado malas reseñas a la cinta, pues el tratamiento les ha resultado ofensivo.

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Imagen: Square Peg, A24, Live Free or Die Films

No hay duda de que Borgli se mueve por territorio minado, aunque no es la primera vez que lo ha hecho. Su visión como noruego de un cáncer que se ha arraigado en la cultura estadounidense le permite abordarlo sin demasiado remordimiento, lo cual queda inmediatamente evidenciado con la comedia negra que crea alrededor de él. Afortunadamente, no se siente un regodeo o una burla como tal, sino más bien una genuina intención de entender este tipo de sucesos a partir de su repetición y de lo que sienten y piensan quienes participan en ellos. Esto, eventualmente, toma un segundo plano en la trama, pero se mantiene latente a través de la ansiedad de Charlie, quien simplemente ya no puede vivir en paz conociendo el secreto de su prometida. Borgli nos adentra en el colapso emocional de una pareja y en una desesperada búsqueda de empatía echando mano de un humor incómodo que subvierte las expectativas de una comedia romántica como Amores Materialistas (Materialists, 2025). Nadie puede prever que lo que empieza como el típico encuentro casual en una cafetería se convertirá en una pesadilla alimentada por la frustración.

Así como Signe, en Enferma de Mí (Syk Pike, 2022), y Paul, en El Hombre de los Sueños (Dream Scenario, 2023), Charlie se ve agobiado por la presión derivada de los estándares sociales y por la necesidad de entender a su pareja. Borgli ha desarrollado un universo narrativo absurdista en el que la exageración solo es superada por la ansiedad que experimentan estos protagonistas, que no tarda en contagiar al espectador. Con Ari Aster como mentor, esto no resulta sorprendente de ningún modo. Si bien el estadounidense se ha ido perdiendo en sus propias ideas como director, como productor ha demostrado más ingenio para traducirlas, así como las contradicciones de su sociedad. En una escena, por ejemplo, nos encontramos con la versión joven de Emma dando un giro de 180° a partir del desarrollo de su pensamiento político, influenciado por sus nuevos compañeros, algo que indudablemente recuerda a Eddington (2025). La diferencia es que esta idea aquí no se siente cobarde o burlesca.

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Imagen: Square Peg, A24, Live Free or Die Films

El Drama tiene mucho drama, pero también una gran dosis de comedia. Aunque da la impresión de que a Borgli se le va de las manos la convergencia de temáticas que lleva por el camino de una comedia negra que juega con fuego en muchos sentidos, su plantamiento central logra sostenerse por la manera en que desafía moralmente lo que creemos saber sobre lo que nosotros mismos creemos, en este caso, de nuestras parejas, algo que el tambien escandinavo Ruben Östlund idagó en Fuerza Mayor (Force Majeure, 2014). Al final, sabiendo explotar el talento cómico nato de Pattinson, guiando a Zendaya en una interpretación que la lleva a explorar otra faceta suya como artista, haciendo del personaje de Alana Haim —una amiga igualmente perturbada que Charlie por la revelación— uno sumamente divertido y ridículo por igual, y haciendo del montaje su gran aliado para respaldar su discurso acerca de qué hubiera pasado, Borgli demuestra su madurez como cineasta. Como persona, luego hablamos.

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