Hay una escena en Super Mario Galaxy: La Película (The Super Mario Galaxy Movie, 2026) en la que Toad se queja de que Yoshi “acaba de aparecer y ya es parte del grupo”. Es como si la propia película, si es que se puede definir como tal, estuviera consciente de los sinsentidos y las situaciones extremadamente aleatorias que arroja minuto tras minuto. La consigna alrededor de este tipo de productos suele ser la misma: “Es para niños, ¿qué esperabas, una obra maestra existencialista?”. Por supuesto que no, pero la eterna excusa para defender cosas como esta, que trata al público como idiota, se queda sin argumentos cuando nos topamos con obras como Robot Salvaje (The Wild Robot, 2024), Gato con Botas: El Último Deseo (Puss in Boots: The Last Wish, 2022) o hasta Hoppers: Operacion Castor (Hoppers, 2026), las cuales sí se preocupan por desarrollar una historia con personajes que crecen y se sienten cercanos a nuestros problemas, sembrando al mismo tiempo inquietudes en los más pequeños. Esta secuela, desafortunadamente, solo explota las marcas icónicas de Nintendo para lanzar gags mediocres y satisfacer superficialmente la nostalgia de los más grandes.
Si bien la primera parte había abusado del fan service, al menos tenía un intento de historia. Además, muchos momentos pensados para volverse virales sí cumplieron su objetivo, desde la canción de Bowser hasta las frases depresivas de Lumalee. La película no deja de ser básica y estar poco interesada en ir más allá, pero al menos funciona como una comedia absurda. Super Mario Galaxy no tiene absolutamente nada memorable, a excepción de 15 segundos de un fantástico anime basado en Star Fox que se ve infinitamente más atractivo que los 90 y tantos minutos restantes. Los directores Aaron Horvath y Michael Jelenic, y el guionista Matthew Fogel pasan de una cosa a otra sin propósito alguno; primero conocemos a Rosalina y la volvemos a ver prácticamente hasta al final; Peach y Toad van a buscarla como parte de una aventura que parece sacada de lo peor de Star Wars; Mario y Luigi… hacen side quests; y Bowser convive con su revoltoso hijo Bowser Jr., quien resulta verdaderamente irritante. Uno de los grandes problemas de la película es que no hay un protagonismo como tal; todo se trata de que el grupo vaya de punto A a punto B porque así lo dicta la trama.

Los que esperaban una adaptación per se del aclamado videojuego del mismo nombre pueden seguir esperando, porque, prácticamente, el concepto espacial es de lo poco reconocible de aquel; lo demás se reduce a lo mismo que en la anterior: Mario y Luigi peleando contra Bowser, aunque ahora en diferentes entornos y poderes. Y claro, no podía faltar la conexión forzada entre ciertos personajes: una búsqueda desesperada por encontrar algún valor emocional; el problema no es que esto no sea canon en los juegos, sino que la construcción para llegar a la revelación se siente como una trampa. Y hablando de eso, ¿qué tal Yoshi? Sí, muy lindo y todo, pero ¿y luego? El gran tease en la primera parte se concreta en unos cuantos minutos al principio para ir rápidamente a lo que sigue. Lo mismo, obviamente, ocurrirá en la siguiente entrega con quien aparece en la segunda escena postcréditos. El daño que Marvel le ha hecho a los blockbusters con los guiños cuya anticipación es más importante que lo que aportan narrativamente.

Super Mario Galaxy: La Película toma cosas de Yoshi’s Island, Super Mario Odyssey, Super Mario RPG, Super Mario Sunshine y otros títulos que no convendría revelar para quien quiera sorprenderse de algo, pero no hace nada interesante con ello. Apuntar a la pantalla y gritar: “¡Referencia!” por supuesto que es placentero; sin embargo, también hay que reconocer lo efímero del instante y de todo lo que converge en la película, pues una vez terminada, cuesta recordar qué pasó exactamente. La sobrecarga es estimulante hasta cierto punto. Ver a figuras como Birdo u otros en nuevas versiones trae muchos recuerdos, pero sus apariciones se limitan meramente a lo anecdótico; la mayoría ni siquiera alcanza a tener un papel secundario.
Con cualquier cantidad de secuencias que se podrian quitar sin afectar gravemente la narrativa, personajes genéricos y una comedia que se asemeja bastante a la del universo de Minions y a Una Película de Minecraft (A Minecraft Movie, 2025), esta secuela deja al descubierto una vez más el pensamiento corporativo detrás de la llegada de Nintendo a la pantalla grande: “¿Para qué molestarnos en hacer algo más interesante cuando solamente podemos poner a los monitos que tanto les gustaban a los papás a saltar y a correr?”. Esperemos que con el live action de The Legend of Zelda sí se hayan tomado la molestia.









