Finalmente ha pasado: perdimos a Osgood Perkins. Si bien desde Longlegs: Coleccionista de Almas (Longlegs, 2024) sus detractores insistían en que era mucho estilo y poca sustancia, el misterio y la atmósfera de la trama lo respaldaban. El Mono (The Monkey, 2025) lo acercó a la comedia negra, y aunque las risas no faltaron, la prisa por internarse en otro proyecto comenzaba a afectar la calidad cinematográfica, principalmente en lo narrativo. Y la cosa finalmente explotó en Líbralos del Mal (Keeper, 2025), cuyo remedo de “terror elevado” simplemente no funciona por ningún lado. Tratando de intimidar al espectador todo el tiempo con cualquier cantidad de recursos predecibles, el tan criticado director falla rotundamente al entregar una película que se siente más como un encargo que como una manifestación artística genuina.
El guion poco original de Nick Lepard es el principal culpable de este desastre. Lo trillado de la historia se percibe desde el principio: ¿cuántas películas no hemos visto recientemente sobre unos novios que se van a una cabaña alejada para pasar tiempo a solas? Por supuesto, sabemos que algo horrible va a pasar, pero algunos títulos han sabido jugar con las expectativas a su favor, como Together: Juntos Hasta la Muerte (Together, 2025), que, sea plagio o no, al menos se preocupa por explorar la dinámica tóxica entre sus protagonistas. Aquí, Lepard presenta a una pareja opaca y carente de cualquier matiz; Tatiana Maslany y Rossif Sutherland, como Liz y Malcolm respectivamente, no lucen cómodos y simplemente se mueven en las escenas como entes sin rumbo. Pronto entendemos que algo los está acechando, pero el relato opta por la obviedad para representarlo: Liz, una pintora, comienza a pintar cosas tenebrosas y sus pesadillas parecen volverse demasiado vívidas. Y cuando Malcolm, un médico, debe volver a la ciudad por trabajo, sabemos que todo se irá al demonio en breve. Esto ya lo hemos visto mil veces.

Y lo peor viene a continuación. Como ya se ha vuelto habitual en sus cintas, la eventual revelación de por qué Liz y Malcolm están en aquel lugar surge como algo sacado de la manga —y en forma de una larga exposición—, solamente para hacer un comentario muy forzado acerca de la misoginia, la masculinidad tóxica y la perpetuación del patriarcado. El último acto es un cúmulo de escenas supuestamente tétricas y sinsentidos que conducen a una resolución aleatoria y para nada impactante. La distribuidora Neon, encargada de promover la cinta, ha desarrollado una relación muy íntima con Perkins, y solo así se puede entender que esto haya llegado a cines. No hace mucho, el youtuber convertido en cineasta Chris Stuckmann intentó hacer algo similar con Terror en Shelby Oaks (Shelby Oaks, 2025): pura atmósfera acompañada de la historia más básica y derivativa. Por cierto, Neon también se hizo responsable de ella.

Líbralos del Mal es como si Perkins y Lepard hubieran intentado hacer su propia versión de Anticristo (Antichrist, 2009); el resultado, obviamente, no incomoda ni perturba en lo absoluto. Perkins ha estado filmando de lleno desde hace tres años, y en este momento se encuentra haciendo su cuarta película desde 2023. Quizá sea buena idea que, en cuanto termine, se tome un largo descanso que le permita volver a encontrarse como cineasta, porque aquí se le ve trabajando en piloto automático. A pesar de una fotografía interesante y algunas decisiones de montaje que intentan contribuir al sentido de desconcierto, la película se cae a pedazos debido a una trama llena de clichés; la dinámica afectiva que pretende analizar ha sido revisada de manera más atractiva en el pasado, sin mencionar que no aporta nada a la conversación sobre la naturaleza cíclica del abuso al interior de las relaciones de pareja.









