“Nos negamos a marcharnos porque no nos rendimos, aunque intenten desaparecernos”, dice en Un Fantasma Para Servirte (Phi Chaidai Kha, 2025) un espíritu del más allá que sigue en nuestro plano para evitar que los vivos se olviden de él y de otros muertos, cuyo cualquier rastro de su paso por el mundo pretende ser borrado. Estrenada en la edición 78 del Festival de Cannes, esta película tailandesa es un disparatado pero sumamente emotivo tributo a la memoria histórica del país a través de un relato que combina una alucinante cantidad de géneros y subtramas, que convergen en una serie de señalamientos a una élite que busca borrar esa mancha de sangre en el suelo para hacer como si los reprimidos, los asesinados y los explotados nunca hubiesen existido. He aquí una de las cintas más estimulantes e interesantes del último año.
La mejor manera de describir la ópera prima de Ratchapoom Boonbunchachoke sería pensando en Ghost: La Sombra del Amor (Ghost, 1990) acostándose con El Tío Boonmee que Recuerda sus Vidas Pasadas (Lung Bunmi Raluek Chat, 2010) mientras ven en la tele la guatemalteca La Llorona (2019). La definición suena desproporcionada y ridícula, pero, de alguna forma, el director y guionista construye una trama muy original que se alimenta del melodrama, la comedia negra, lo queer, la fantasía sobrenatural y hasta un poco de terror para moldear una alegoría social y política sumamente relevante en tiempos del capitalismo tardío. Lo que empieza como una absurda historia sobre electrodomésticos poseídos por gente muerta termina como una sangrienta crítica directa a un cruel sistema que se vale de la gentrificación, la explotación y el abuso para mantener el statu quo. Y eso es apenas la superficie de la película.

Un Fantasma para Servirte es un absoluto deleite narrativo que, aunque sea laberíntico en cuanto a las relaciones que sostienen los múltiples protagonistas, mantiene un equilibrio dramático/cómico que recuerda a los personajes inexpresivos de Aki Kaurismäki y a la misteriosa solemnidad de la obra de Apichatpong Weerasethakul. Boonbunchachoke se une a Bong Joon-ho y Park Chan-wook en su reflexión acerca del viacrucis de la clase media y la trabajadora; tanto Mickey 17 (2025) como La Única Opción (Ojjeolsugaeopda, 2025) apelan a ese modelo diseñado para consumir al individuo y convertirlo en un engrane fácilmente intercambiable cuando ya no “sirva”. Esta meditación oriental acerca la vida en el siglo XXI subraya un conflicto casi espiritual entre el ser humano y flagelos como la burocracia y la persecución. Boonbunchachoke se muestra consciente de su entorno sociopolítico con un surreal tributo —en el que los fans de Michel Gondry se sentirán como en casa— a quienes están al borde del olvido.

La película —con un estilo visual relativamente sobrio, pero que llama la atención por sus composiciones y un diseño de producción muy peculiar— define el regreso de los fantasmas al plano terrenal como un acto totalmente político: una protesta para lograr que los recuerden. La melancolía de su obra solo es superada por estrafalarios conceptos que, de cualquier manera, se sienten pertinentes y particularmente preocupantes por los tiempos que vivimos. Un Fantasma Para Servirte es una de esas cintas llenas de capas que encuentran en lo raro una forma de expresar desde pasión hasta pesar. En un mundo en el que se cree que los muertos no deben molestar a los vivos, este relato recupera la importancia de la memoria histórica para sanar. El polvo como una representación de aquellos sin voz cuya existencia se reduce a una jornada laboral sin fin. No por nada la aspiradora es un elemento recurrente en este fantástico y memorable título tailandés.









