Valor Sentimental (Affeksjonsverdi, 2025) comienza con una retrospectiva familiar en la que la gran protagonista es su casa de toda la vida —donde se encuentran aquellos objetos que dan título a la cinta—, la cual tiene un defecto importante en sus cimientos. Por tal motivo, una enorme grieta se asoma al interior. Quizá no amenaza con partir la estructura en dos, pero resulta imposible no darse cuenta de que algo anda mal. Desde este concepto, Joachim Trier y el coguionista Eskil Vogt construyen, irónicamente, su primera obra maestra. Con un profundo estudio de una familia fracturada por los rencores y el abandono, este par de cineastas nos regalan una de las películas más emotivas del año, con la cual exploran el cine mismo como un medio de conocimiento y comunicación entre seres humanos. El arte de trabajar con el dolor; el dolor de hacer arte. Se trata, sin duda, de lo mejor de 2025.
Para hablar de la película, por supuesto, la referencia inmediata tiene que ser Bergman, cuyo espíritu parece permearla por completo, tanto en lo narrativo como en lo visual. Trier y Vogt conjuran al legendario realizador sueco para crear esta saga familiar acerca de un famoso director, Gustav (Stellan Skarsgård), empeñado en hacer una nueva cinta con su hija Nora (Renate Reinsve), una actriz principalmente de teatro, a quien abandonó —junto a su esposa y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), su otra hija— hace mucho tiempo. El trauma intergeneracional; el reflejo de la vida que propone el arte; la necesidad de lidiar con el dolor; el drama familiar… Los temas, inevitablemente, apuntan a la obra de Bergman —en especial a Sonata de Otoño (Höstsonaten, 1978)—, así como a conceptos relacionados con él que poco a poco se van desenvolviendo, como el hecho de que Gustav, ante la negativa de Nora, debe trabajar con Rachel Kemp (Elle Fanning), una popular actriz estadounidense, a quien usa fútilmente para llenar un vacío en su corazón transformándola —físicamente— en su hija. Hasta cierto punto, una versión 100 % menos retorcida de Secretos de un Escándalo (May December, 2023), en la que ficción y realidad se entretejen peligrosamente.

Valor Sentimental echa mano de una metanarrativa inteligente que despliega un diálogo interesante sobre la relación entre el cine y la realidad misma —que engloba los recuerdos y la imaginación—. La película que Gustav intenta filmar —curiosamente, para Netflix; otro sutil comentario acerca del estado actual del arte— proviene de un sitio muy personal para él, lo que provoca un profundo sentimiento de incomodidad en Nora, que no puede entender a un hombre que puede hacer un filme sobre su pasado, pero que no puede pedirle perdón por haberla dejado. Trier y Vogt ven en el arte —el cine y el teatro específicamente— una herramienta para comunicarse, aunque también un escondite que alimenta el propio dolor. En la secuencia en que conocemos a Nora, por ejemplo, la encontramos en medio de un ataque de pánico antes de dar una función; solo una cachetada solicitada de un compañero le deja seguir adelante. De cierta forma, Nora es como su padre: dos artistas obsesionados que prefieren habitar en la ficción que en la realidad. Sufrir para evitar sufrir más.
La cinta, a pesar de estar inclinada por completo hacia el drama, no se priva de incorporar por aquí y por allá varios momentos cómicos, entre ellos uno relacionado con las peores películas que se le podrían regalar a un niño; otro mas alrededor de los acompañantes de Rachel, y uno más durante un junket que acaba de la peor manera. Trier y Vogt ya habían hecho gala de su sensibilidad cómica en mayor medida en La Peor Persona del Mundo (Verdens Verste Menneske, 2021), y aunque aquí emerge a cuentagotas, el toque es más que bienvenido para sobrellevar la intensidad dramática que envuelve buena parte del filme. Trier ha conseguido un equilibrio muy raro con sus últimos trabajos, los cuales encuentran el punto exacto entre la profundidad psicológica y la accesibilidad necesaria para que todo público disfrute de ellos. En esta ocasión, hablada en noruego e inglés, Trier y Vogt consiguen romper la barrera del idioma para llegar también a quienes no necesariamente consumen ávidamente cine de autor.
Vale la pena destacar, además, a los personajes de Fanning y Ibsdotter Lilleaas, cuyas subtramas se integran orgánicamente a la principal haciendo referencia tanto al compromiso de una visión artística como a un dolor interiorizado que se manifiesta en silencio. Ambas actrices brillan en sus papeles, apoyados, desde luego, por el impecable guion y la labor de dirección.

“No nos conoces; no podemos comunicarnos”, reclama Nora a su padre, solo para quebrarse después durante la escena más devastadora de Valor Sentimental, aquella en la que la verdadera naturaleza del guion de su padre finalmente sale a la luz. Mientras la actriz y su padre se preguntan si son ellos mismos cuando actúan o dirigen respectivamente, Trier y Vogt nos permiten acercarnos a estos complejísimos personajes en sus dudas, sus frustraciones, sus alegrías, sus derrotas y sus victorias. Esto es justamente lo que películas estadounidenses de medio pelo como Aquí (Here, 2024) o Jay Kelly (2025) intentan artificialmente: hablar sobre los problemas generacionales o el verdadero propósito del arte, y al mismo tiempo ofrecer una experiencia cinematográfica sin una sola pretensión más que la de ofrecer un relato humano palpable en todo el sentido de la palabra. “No sé si había visto una película así”, le dice Rachel a Gustav cuando lo conoce, y vaya que tiene razón.









