Hace más de una década, Sean Baker escribió un guion con la cineasta taiwanesa Shih-Ching Tsou —productora de casi todas sus obras—. El proyecto quedó en el limbo por falta de recursos, y fue hasta después de la pandemia que finalmente pudo concretarse bajo la dirección de Tsou. La colaboración entre estos dos nos ha regalado varias de las películas independientes más entrañables de los últimos tiempos; y ahora Baker deja el banquillo de director para que su socia cuente una historia cercana a ella, pero con el mismo toque que ha caracterizado el trabajo que han hecho juntos a través de los años. La Chica Zurda (Zuopiezi Nuhai, 2025), entonces, es un drama urbano con ligeros tintes de comedia que explora la dinámica al interior de una familia disfuncional que trata de integrarse al panorama social de una ciudad tan abrumadora como Taipéi.
En este nuevo esfuerzo, Tsou y Baker trasladan las sensibiliaddes temáticas de su filmografía y la llevan a la capital taiwanesa, donde aprovechan la vibrante atmósfera de la megaurbe para desarrollar una especie de coming-of-age que nos permite acompañar durante dos horas a una madre soltera y sus dos hijas que se mudan a Taipéi para empezar de nuevo con un puesto de fideos en un mercado. En cierto sentido, Tsou y Baker vuelven a sus orígenes —filmando incluso exclusivamente con un iPhone—, pues el eco de Take Out (2004) —la cinta que codirigieron cuando recién comenzaban su carrera— es evidente; aquella trata sobre un inmigrante chino sin papeles que intenta hacer su vida en Nueva York. Ahora, Tsou y Baker viajan a Taipéi para mostrar cómo la familia ordinaria taiwanesa de hoy en día se ajusta a la convulsa contemporaneidad.

Tsou y Baker conciben una familia muy particular. Shu-Fen (Janel Tsai) hace lo que puede para sacar a sus hijas adelante, sin apoyo de sus parientes y lidiando con un doloroso pasado por igual; I-Ann (Shih-Yuan Ma) es un adolescente rebelde que guarda rencor hacia su madre y que hace poco para asistirla; I-Jing (Nina Ye), la hija pequeña, más o menos se da cuenta de lo que ocurre, pero la creencia —originada por su imprudente abuelo— de que su zurdera tiene una relación demoniaca —lo cual da pie a escenas tan tiernas como graciosas— la mantiene ocupada en sus propios problemas. La relación entre estas mujeres se convierte en el corazón de la película; Tsou y Baker crean tres personajes afligidos por su precariedad, pero aciertan al no dejar que esto los defina, ya que poco a poco vamos conociendo sus deseos y frustraciones, más allá de las preocupaciones derivadas por falta de dinero.
La Chica Zurda, además, recupera algunos elementos, situaciones y preocupaciones que Tsou y Baker desarrollaron específicamente en El Proyecto Florida (The Florida Project, 2017). Cuando adoptan el punto de vista de la adorable chiquita, el recuerdo de aquella cinta se hace presente. I-Jing, muchas veces por su cuenta, comienza a percatarse de las complejidades familiares y culturales que la rodean; Tsou consigue una interpretación de Ye que se mueve entre lo divertido y lo conmovedor. Por otro lado, la subtrama de I-Ann tiene un poco de Anora (2024): una joven trabajadora desafía el estatus social que se le ha impuesto mientras navega un drama muy personal. Y eso no es todo, pues Tsou y Baker presentan singulares personajes secundarios con sus propios problemas, que van desde una abuela involucrada en un negocio ilegal hasta un tierno pero mediocre vendedor (Brando Huang) —aportador de alivio cómico— que se preocupa por Shu-Fen y su familia.

La Chica Zurda es una cálida película en la que Baker, aunque se hace sentir estílistica y narrativamente —de hecho, también fungió como editor—, le da su espacio a Tsou para desenvolverse plenamente definiendo el tono y haciendo de Taipéi un personaje más. Si bien la directora evita inclinarse hacia la tragedia o el miserabilismo, su labor encapsula en las tribulaciones de estas mujeres una variedad de temas que incluyen tensiones de clase, el suplicio diario de los trabajadores, la lucha contra el patriarcado y los conflictos que surgen de las relaciones intergeneracionales. Reconcilación, redención y descubrimiento personal empapan una trama auténtica que transita entre el drama y la comedia —el tercer acto, donde tiene lugar el peor festejo de cumpleaños de la historia, es prueba de ello— para dejar al descubierto las vicisitudes sociales de la Taipéi contemporánea y la importancia de asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.
La Chica Zurda está disponible en Netflix.









