Durante la inolvidable secuencia final de Lo Siento, Cariño (Sorry, Baby, 2025), Agnes (Eva Victor), una mujer víctima de un evento traumático, se desahoga sobre la vida con el bebé de su mejor amiga: “Nunca te diré que me estás asustando. Solo te diré que así pasa a veces”. Enfrentada con las reacciones que ha encontrado a su alrededor después del ataque que vivió, Agnes encuentra en un nuevo ser, alguien que también tendrá que lidiar algún día con lo peor del mundo, el receptáculo idóneo de su más profundo sentir. En su magistral ópera prima, Victor nos regala un ejercicio de catarsis como pocos; una celebración de que la vida sigue a pesar de todo; un mecanismo para hacer frente al trauma y los males que, inevitablemente, descarrilan nuestra vida.
En su ópera prima, Victor muestra con un arriesgado tono que se mueve entre la comedia y el drama —más o menos como lo hace Un Dolor Real (A Real Pain, 2024)— las consecuencias psicológicas de una agresión sexual en una mujer. Ganadora del Premio de Guion Waldo Salta en el Festival de Sundance, la película emerge como una representación muy auténtica de lo que vive una víctima días y años después. Pero lo que realmente hace diferente a Lo Siento, Cariño de obras similares es su renuencia a abrazar la tragedia por completo. Si bien la trama no está desprovista de escenas que transmiten el dolor y la incertidumbre —destaca aquella en la que Agnes le describe a su amiga Lydie (Naomi Ackie) cómo sucedió todo—, Victor opta por acercarnos a aquellos lindos y genuinos instantes que, eventualmente, llevarán a la protagonista a la sanación.

Estos momentos están soportados por la contenida pero sumamente efectiva interpretación de Victor —que también escribe—; el abordaje es tan orgánico en todo sentido que parece casi como una colección de recuerdos —la directora se ha limitado a decir que se trata de “una historia muy personal”—. Aun con tiempo limitado en pantalla, los personajes secundarios son sumamente importantes. Además de Lydie, que navega por su propio viaje de crecimiento construyendo una familia no heteronormativa, está Gavin (Lucas Hedges), un simpático vecino con el que hay cierta tensión sexual, y cuya peculiar masculinidad contrasta con la sutilmente depredadora señalada al principio. Mención especial merece el personaje de John Carroll Lynch, quien ofrece un poco convencional aliciente en una de las partes más críticas de la cinta.
Lo Siento, Cariño, por otro lado, también nos recuerda esa incomprensión alrededor de una agresión como esta; tres escenas lo dejan en claro. La primera, cuando Agnes es tratada de forma fría y casi indiferente por el médico que la revisa tras la violación. La segunda, cuando dos empleadas de la universidad donde estudia, básicamente, le explican que no pueden hacer nada al respecto en contra del agresor —su asesor de tesis—, pero que “la entienden por ser mujeres”. La tercera, cuando es llamada a ser jurado en un juicio y las autoridades la relevan cuando admite no estar segura de ser imparcial por lo que acaba de vivir. Todo esto es presentado hábilmente de manera no cronológica por Victor; el relato va y viene mostrándonos distintas etapas de la vida de Agnes y de su manera de lidiar con su propia reclamación como mujer.

La cinta es justamente lo opuesto a Cacería de Brujas (After the Hunt, 2025), que retrata igualmente un caso de abuso al interior de una institución académica. Si bien las intenciones y las temáticas son completamente distintas, Lo Siento, Cariño triunfa al concentrarse en lo verdaderamente importante: la reconstrucción personal que viene a continuación. Y aunque ninguna muestra como tal el acto, Victor toma la mejor decisión al utilizar la cámara, el tiempo y las reacciones para dejar en claro lo que ha ocurrido. La escena cala porque sabemos exactamente lo que pasa en la casa que tenemos frente a nosotros. Victor nos regala una de las películas más potentes del año sin recurrir al shock, al melodrama o a cualquier otro recurso grandilocuente. He aquí una historia llena de compasión, humor, esperanza y, principalmente, honestidad. Una tragicomedia en toda la extensión de la palabra, y tal como dice Victor, “un abrazo” al alma.









