Irónicamente, Wicked: Por Siempre (Wicked: For Good, 2025) se ve lastimada por la misma cosa a la que se remonta su origen: El Mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939). En esta segunda parte de la adaptación de la popular puesta en escena de Stephen Schwartz y Winnie Holzman, basada a su vez en la novela de Gregory Maguire, la sombra del clásico de Victor Fleming y de la obra original de L. Frank Baum se posa amenazadoramente sobre la tierra de Glinda (Ariana Grande) y Elphaba (Cynthia Erivo). Así, los acontecimientos de la secuela no tienen más remedio que someterse a los designios de la historia que dio pie a todo, desvirtuando en buena medida lo construido en Wicked (2024). Con un caos narrativo de por medio, la necedad de conectarse con aquella obra maestra del Technicolor y poca imaginación para tratar la parte más débil del material original, Wicked: Por Siempre, en esta ocasión, falla al desafiar la gravedad.
La película comienza poco tiempo después de los sucesos de la anterior; Elphaba es buscada por las autoridades; Glinda ahora trabaja para el Mago de Oz; y Fiyero (Jonathan Bailey), comprometido con esta última, también pretende ayudar a Elphaba en secreto. La decisión de dividir la historia en dos, por supuesto, obedece únicamente a fines económicos: ¿por qué Universal iba a dejar escapar la oportunidad de hacer más dinero con solo una cinta? Esto, por otro lado, obligó a los guionistas Winnie Holzman y Dana Fox no solo a extender la trama, sino también a trabajar con un material endeble en muchos sentidos. Los sinsentidos y las conveniencias del segundo acto de Wicked son recuperados innecesariamente. Conforme Wicked: Por Siempre se va transformando en El Mago de Oz, menos funciona. Un ejemplo de ello es Fiyero, que desaparece del relato solamente para atenerse a los eventos del clásico y eventualmente regresar de la nada. La presencia de Dorothy —más un ente que un personaje de carne y hueso—, además, no puede haber resultado más forzada. En suma, es como si dos películas lucharan por existir dentro de una.

En los personajes terciarios no hay mucho que rescatar. El arco de Boq (Ethan Slater) queda completamente a la deriva, mientras que Michelle Yeoh no deja un buen sabor de boca con su plana actuación, arrastrada desde la primera parte. Jeff Goldblum tiene su propio número musical, pero fuera de eso no vuelve a tener una intervención destacada.
Aunado a ello, es un hecho que Wicked tiene sus mejores temas musicales al principio. No hay duda de que “No Good Deed” y “For Good” son canciones emotivas y adoradas por los fans, pero están lejos de tener el impacto de “Defying Gravity” o incluso “Popular”. Por otro lado, los números musicales ahora no son tan visualmente impresionantes como en la primera parte. Con mayor presencia de CGI y menos coreografías, estos, en general, no se sienten tan espectaculares. Cabe mencionar que dos nuevos temas hacen su aparición: “No Place Like Home” y “The Girl in the Bubble”, siendo esta segunda la que logra dejar cierta impresión. Las secuencias musicales en sí se presentan como piezas únicas que como parte misma de la narrativa; en la antecesora ocurría lo contrario, pues las transiciones y los diálogos se sentían orgánicos. La dirección de Jon M. Chu se nota rebasada por la producción y sus propias protagonistas esta vez.
Por suerte, Grande y Erivo evitan que todo se vaya al traste con su presencia y sus magníficas actuaciones. Su química vuelve a ser el núcleo de este universo, que ahora las ve enfrentadas en varios niveles. Ambas han encontrado en la otra un complemento ideal para su estilo, con Grande inclinándose hacia la comedia —con algunas exquisitas notas villanecas por aquí y por allá— y Erivo hacia el drama. La combinación da como resultado una chispa contagiosa que incluso se nutre de momentos que en teoría parecerían ridículos; la secuencia donde tiene lugar su confrontación física, por ejemplo, nos regala instantes cómicos, dramáticos y hasta románticos —cuando se incorpora Fiyero— al mismo tiempo. Y claro, los sentimientos que evocan durante “For Good” se convierten en la parte más memorable del filme.

Pero eso, básicamente, es lo único que Wicked: Por Siempre tiene para ofrecer; el resto ya lo habíamos visto en la primera parte. Su discurso revolucionario, además, se ve mermado por el camino que el guion dispone para Elphaba, sacrificada para que una mujer blanca privilegiada lleve a cabo un proceso de relativa redención. Y con secuencias que parecen más propias de una obra de teatro que de una película, esta segunda parte queda a deber en grande. Más como It: Capítulo 2 (It: Chapter 2, 2019) que como Duna: Parte Dos (Dune: Part Two, 2024) —con todo y sus errores—, esta conclusión emerge solamente como una reiteración inferior con una conclusión condescendiente que no se atreve a seguir su propio camino amarillo.









