Batman es uno de sus personajes de cómics con una gran cantidad de versiones, pero esta es la primera vez que lo vemos desenvolverse en un contexto sumamente familiar, al menos para los mexicanos. Batman Azteca: Choque de Imperios (2025) emerge como una representación interesante de nuestros orígenes, algo que no suele verse todos los días. La combinación con el concepto del superhéroe sonaba muy atractiva en papel; sin embargo, resulta imposible no reconocer que llega a sentirse forzada buena parte del tiempo, sin mencionar que un choque de tonos tampoco es de mucha ayuda para lograr que esta adaptación conecte más allá de los elementos culturales y populares muy reconocibles a los que apela.
La cinta, una colaboración entre el estudio mexicano Ánima Estudios y DC, reconfigura la historia de la Conquista con Batman de por medio, que en este universo se llama Yohualli, hijo de un noble mexica que se propone vengar la muerte de este último a manos de Hernán Cortés y sus tropas. Uno de los problemas que la película enfrenta constantemente es su naturaleza didáctica; pareciera que estamos ante un video escolar diseñado para enseñarnos lo acontecido durante esta época. El tono infantil también le quita varios puntos, aun cuando hay algunas escenas de cierta violencia regadas por ahí. Es como si el equipo creativo no hubiera podido decidirse si este producto estaría dirigido a niños o a adultos. De cierta forma, estamos ante un Batman aligerado cuya esencia se ve opacada regularmente por la ambientación y la clase de historia.

La animación funciona, pero más bien para un formato televisivo. El proyecto, de hecho, está pensado para ello; sin embargo, dada la conexión con México, se decidió llevarlo a cines en el país, donde la pantalla grande realmente no le hace muchos favores. El trabajo de doblaje también deja un sabor agridulce. Omar Chaparro, por ejemplo, hace un gran trabajo como Yoka, la versión alternativa del Guasón. De hecho, su personaje, un sumo sacerdote manipulado por Huitzilopochtli que pretende hacer creer a Moctezuma que los españoles son dioses, es, probablemente, el más interesante de todos. Álvaro Morte, como Hernán Cortés, que eventualmente se convierte en uno de los grandes villanos de Batman, sobreactúa un poco la voz para el personaje al que da vida. Su caracterización unidimensional tampoco le ayuda, por más que la esencia de Dos Caras esté en sintonía con la doble intención del conquistador. Horacio García, como Yohualli, lo hace bien, aunque no destaca en ningún momento.

Batman Azteca: Choque de Imperios paga un alto precio por llevar el icónico superhéroe al mundo prehispánico; el protagonista rara vez se siente verdaderamente como una variante de Batman, ya que la parte detectivesca y la complejidad moral que lo definen brillan por su ausencia. El conflicto interno alrededor de la parálisis que provoca el miedo está más o menos presente, pero la insistencia en mostrar al estilo Wikipedia los sucesos históricos previos a la caída de Tenochtitlán impide que se ahonde en la parte más oscura de Yohualli. A pesar de ofrecer casi una hora y media de entretenimiento decente, y un vistazo a las versiones mexicas de Gatúbela y Hiedra Venenosa —aunque con poca agencia—, la película no puede librarse de parecer uno de esos lanzamientos de ataño destinados al DVD.









