Spike Lee ha insistido bastante en que Del Cielo al Infierno (Highest 2 Lowest, 2025) no es un remake de El Cielo y el Infierno (Tengoku to Jigoku, 1963), de Akira Kurosawa, sino más bien una reinterpretación de la novela King’s Ransom, de Ed McBain (Evan Hunter). El icónico director es inteligente, pues sabe que asociar la palabra “remake” con su persona no es algo que la cinefilía internacional vea con buenos ojos tras el desastre que significó su versión de Oldboy (2013). De cualquier manera, su nuevo esfuerzo enfrenta mayores problemas que el que representa su naturaleza como aparente refrito. Después de ser testigos de algunas de las decisiones creativas que tomó Lee para reconfigurar esta historia, más o menos queda claro por qué el Festival de Cannes no la incluyó en su sección principal, y por qué Apple al final no apoyó del todo su distribución en salas.
La primera hora de la cinta bien podría ser de lo peor que el realizador ha hecho en los últimos tiempos, a tal grado de que pareciera que estamos ante un producto hecho exclusivamente para televisión. Las actuaciones dispares, la fotografía plana, los diálogos expositivos y la música constante se unen para transmitir la sensación de que se trata de una película para TV hecha en el siglo pasado. La música, principalmente, se vuelve un recurso sumamente molesto; varias piezas no empatan con lo que vemos en pantalla, mientras que otras se extienden innecesariamente o subrayan con gran obviedad los momentos de introspección o júbilo. Cuesta creer que Lee realmente quedó complacido viendo el producto final.

Lee cambia la industria zapatera por la musical en Del Cielo al Infierno para, primero, poder insertar en la historia una buena dosis de la visión musical —principalmente, hip-hop— con la que identifica a su musa eterna: Nueva York. Esta libertad que se toma también parece estar alentada por la necesidad de visitar un terreno más atractivo, aunque esto tiene sus pros y sus contras. El guion invierte bastante tiempo en explorar el carácter superficial de la industria musical: los likes, el qué dirán, la “cultura de la cancelación”, la atención mediática, etc. El estudio socioeconómico de la obra de Kurosawa y del material original aparece intermitentemente, específicamente en la relación entre el protagonista (Denzel Washington) y su chofer (Jeffrey Wright), cuyo hijo (Elija Wright) se convierte en pieza clave del dilema moral que el primero ha de enfrentar; y también al final, en una gran escena en la que tiene un cara a cara con el responsable de su tormento. Sin embargo, Lee pone su discurso en tela de juicio cuando, aunque señala cómo el sistema le falla una y otra vez a la población negra, parece alinearse con la idea de que quien tiene dinero al final sale adelante.
La parte del thriller tampoco está tan presente, a excepción de una gran secuencia hacia la mitad en la que Lee consigue hacer varias cosas al mismo tiempo: crear tensión, mostrar el verdadero rostro del Nueva York multicultural, sugerir la naturaleza abusiva de la policía e inyectarle todo su estilo al montaje. Pero lo demás recurre a elementos detectivescos básicos, sin mencionar que la eventual revelación de quién está detrás del crimen resulta anticlimática.

Del Cielo al Infierno, por suerte, tiene a Washington, y es su incomparable carisma y su compromiso con la visión de Lee lo que, incluso en los momentos más bajos de la cinta, hace que sea un agasajo verle en pantalla. Las dos escenas cargadas de diálogo que tiene con el rapero ASAP Rocky son los instantes más altos de la trama. Desgraciadamente, Lee no consigue hilar del todo lo que propone en cada acto de la película; el montaje, fuera de esas secuencias con Rocky y la del tren —que involucra el pago del rescate de un secuestro—, se construye a partir de decisiones cuestionables o poco entendibles, como mostrar una acción repetida desde otro ángulo en varias ocasiones.
Esta bien podría ser la Megalópolis (Megalopolis: A Fable, 2024) de Lee: una reflexión sobre el legado que se conecta estrechamente con el director —y a la vez con Washington— y su percepción del estado de la industria. El problema para Lee es que eligió hacerlo con una cinta japonesa clásica de por medio, y, al igual que Coppola, con decisiones creativas que se asemejan más a caprichos.
Del Cielo al Infierno está disponible en Apple TV+.









