La pobreza es una problemática que no suele ser entendida del todo en el cine comercial, principalmente por corporaciones como Netflix, que con películas supuestamente serias como La Noche Siempre Llega (Night Always Comes, 2025) intenta abordar el realismo social al estilo europeo o latinoamericano. Basada en la novela del mismo nombre, de Willy Vlautin, esta no solo comete el error garrafal de creer comprender lo que significa ser pobre en los Estados Unidos de hoy, sino también el de poner de protagonista a una ciertamente talentosa actriz como Vanessa Kirby, pero que nunca termina de convencer como una mujer de bajos recursos de Portland por lo fuera de lugar que se siente. Esto da como resultado una historia desubicada que opta mejor por convertirse en un thriller con varios momentos de acción para llenar ese vacío discursivo.
El película transcurre durante una noche, en la que Lynette (Kirby) debe conseguir $25,000 dólares para comprar la modesta casa en la que vive con su familia y evitar que los echen a la calle. Benjamin Caron —director en series como Andor (2022-2025) y The Crown (2016-2023)— acerca este relato al neo-noir incorporando varios elementos de crimen y suspenso —muy en la línea de Good Time: Viviendo al Límite (Good Time, 2017) y Diamantes en Bruto (Uncut Gems, 2019), pero sin la comedia negra— ; conforme avanza la trama, Lynette se vuelve así como una antiheroína, aprovechando, por supuesto, los reflectores de la británica como estrella de Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos (The Fantastic Four: First Steps, 2025). Todo lo anterior poco a poco va alejando a Caron y a la guionista Sarah Conradt del que parecía ser el punto: una cruda exploración de la clase social trabajadora aplastada por el sistema. Tratando de cumplir con ello, los cineastas simplemente agregan las típicas escenas expositivas —noticieros en la televisión y en la radio hablando sobre la gentrificación y la crisis económica—, para luego pasar de lleno a la acción superficial y trillada.

La Noche Siempre Llega es como una versión más convencional y míope de Dos Días, una Noche (Deux Jours, une Nuit, 2013), en la que una trabajadora emprende una cruzada para convencer a sus compañeros de que voten por mantenerla en la nómina en lugar de obtener un bono. El cine social de los hermanos Dardenne, por supuesto, eclipsa obras como esta, cuyo interés en la clase obrera o trabajadora no puede ser más superficial.
Pero eso no es todo, pues el guion también tambalea enfocando toda su atención en el thriller. La historia puede dividirse en pequeñas subtramas; Lynnette pasa de una a otra coleccionando personajes secundarios irrelevantes cuyos problemas solo son mencionados brevemente para jusitifcar su existencia. La inclusión de un compañero de trabajo ambicioso, un hombre adinerado que la contrata como escort, una amiga que no quiere pagar una deuda, maleantes de poca monta y mafiosos de alto nivel pretenden mostrar la disparidad económica y social, pero el comentario nunca profundiza.

Y aunque el drama familiar que se desarrolla adquiere ciertos matices hacia al final, cuando tiene lugar el único momento realmente emotivo de la película —una conversación con su desconsiderada madre (Jennifer Jason Leigh)—, estas relaciones no se desenvuelven lo suficiente como para entender más la situación de Lynnette y sus familiares; algunos flashbacks etéreos lo intentan, pero más bien enfatizando el aspecto más pornomisabrle de La Noche Siempre Llega, que, sin duda, tiene suerte de contar con Kirby, pues su actuación es lo único que mantiene a flote todo.
La Noche Siempre Llega está disponible en Netflix.









