Crítica – Mother Mary: David Lowery tropieza con un estilizado pero vacío drama psicológico

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Hay una parte en Mother Mary (2026) en la que parece que está haciendo un metacomentario. “Estas metáforas son agotadoras”, exclama la protagonista, una estrella pop visiblemente en apuros que acude con su exmodista, Sam (Michaela Coel), para que le haga un atuendo especial con el que pueda sentirse plena. Su diálogo adquiere un inesperado doble sentido cuando nos damos cuenta de que el guion entero de David Lowery —un tipo que en el pasado ha probado trabajar mejor los simbolismos— se basa en metáforas vacías que no tienen nada que decir sobre la experiencia femenina o siquiera la salud mental de una superestrella musical. Su nueva película, como ya nos ha acostumbrado, es visualmente envolvente; la atmósfera provoca una inquietud constante y las imágenes surreales aquí conjuradas son alucinantes. Sin embargo, sin algo dentro que valga la pena, queda como un hermoso cascarón vacío.

Básicamente, el ejercicio se convierte en un duelo entre Sam y Mary en el que, a pesar de la grandilocuencia de las actuaciones, consiguen proyectar muy poco. El encuentro, paulatinamente, va revelando el pasado que une a estas mujeres; una chispa romántica apagada a la fuerza, falta de reconocimiento artístico y problemas psicológicos pronto salen a la luz. La historia plantea la reunión como una especie de agresiva reconciliación en la que ambas, en breve, se unen para exorcizar sus demonios, literalmente. Con este relato, Lowery intenta adentrarnos en la psique de una artista asolada por sus propios temores; la cuestión es que resulta complicado conectar con un personaje al que ni siquiera conocemos. La depresión y su tragedia personal son lo único que la define, pero el conflicto resulta demasiado genérico como para interesarse genuinamente. Parker Finn lo consiguió en clave de terror no hace mucho con Sonríe 2 (Smile 2, 2024), en la que una superestrella llega al límite cuando una presencia maligna saca lo peor de ella.

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Imagen: Homebird Productions, Augenschein Filmproduktion, Topic Studios, Access Entertainment, Sailor Bear

Mother Mary incorpora ciertos aspectos de El Cisne Negro (Black Swan, 2010) y hasta de Suspiria (2018) en el drama psicológico y sobrenatural que propone, pero ninguno funciona realmente. Su exploración de la obsesión con el arte y de la presión como una motivación se queda en lo superficial; la naturaleza casi ritualística del baile —una escena en particular parece sacada del remake de Luca Guadagnino— y del dolor al que se alude tampoco ofrecen mucho, narrativamente hablando —el ejercicio se acerca peligrosamente al pretencioso absurdo de Hurry Up Tomorrow (2025)—. Frases como “transubstanciación del dolor” y “conexiones que no podemos explicar” son la única arma que Lowery encuentra para tratar de darle significado a los interminables diálogos que Hathaway y Coel intercambian casi de principio a fin; una colección de sinsentidos con una supuesta carga filosófica que en verdad resulta extenuante. Ni siquiera la presencia tan marcada de Coel puede hacer que nos interesemos por el drama. Por otro lado, lo que ocurrió en el pasado parece ser toda una película aparte. Quizá hubiera sido mejor idea empezar por ahí.

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Imagen: Homebird Productions, Augenschein Filmproduktion, Topic Studios, Access Entertainment, Sailor Bear

La película tampoco despega cuando se asoma a otros sitios, como en un flashback en el que Mother Mary, su equipo —Hunter Schafer también aparece como una asistente, pero está completamente desaprovechada— y una fan (FKA Twigs) parecen liberar al espíritu que la está consumiendo durante una sesión espiritista. Otro muestra un incidente en el que Mother Mary casi termina suicidándose, pero nunca queda claro qué la llevó a tomar esa decisión. La construcción de los personajes parece opaca, pero más bien es torpe. Por suerte, el fantástico diseño de vestuario, la fotografía —principalmente durante las secuencias musicales— y las canciones originales —compuestas por Jack Antonoff, Charli XCX y FKA Twigs— se vuelven un agasajo sensorial. Si tan solo la película no hubiera sido concebida como un video musical ni hubiera caído en la trampa de las pretenciosas metáforas a las que ancla todo su peso narrativo. Ni Vox Lux: El Precio de la Fama (Vox Lux, 2018) se atrevió a tanto. Un tropiezo creativo para Lowery,

Mother Mary está disponible en HBO Max.

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