El español Pedro Martín-Calero presenta su ópera prima: El Llanto (2024), una cinta de terror que trata de subervertir las convenciones del género con una estructura un tanto atípica, que podría definirse como una especie de antología enfocada en la violencia en contra de las mujeres. Si bien el ejercicio resultante es irregular o más escueto de lo que se esperaría, hay ciertos destellos narrativos y visuales que llaman la atención y que denotan un talento naciente tanto en la dirección como en la escritura de guion.
La trama sigue la vida de cuatro mujeres en dos épocas. Cuando una de ellas descubre que un ente invisible para el ojo humano la acecha, pronto encuentra que el motivo podría tener que ver con alguien y algo de su pasado. Cuando la premisa de Martín-Calero e Isabel Peña es revelada, queda claro que hay algo de inspiración en Está Detrás de Ti (It Follows, 2014) en varios sentidos. Afortunadamente, el guion juega con el concepto y agrega otros elementos que elaboran un discurso distinto e igual de inquietante y pertinente.

La película transcurre en dos países y épocas diferentes; la primera, ambientada en la España actual, es probablemente la parte débil de la historia. Con una Ester Expósito en un papel similar a los que ha interpretado en su carrera dentro del terror, poco hay de sorprendente en la primera media hora. El asunto se torna más interesante cuando la acción pasa a Argentina y una nueva protagonista ―con un parecido muy singular a Kristen Stewart― se hace presente. El contexto en que se desenvuelven los hechos le da un ángulo distinto al relato y lo enlaza efectivamente con la naturaleza sobrenatural de la criatura.
Lastimosamente, el guion de Martín Calero y Peña muestra su parte más débil con numerosas cuestiones que surgen y que no tienen algún tipo de resolución. En el segmento de Argentina, por ejemplo, se sugiere la importancia en la historia de un compañero de la escuela de cine de la protagonista ―quien funge un papel similar al de Janet Leigh en Psicosis (Psycho, 1960)―, pero esto queda a la deriva. El final también resulta algo decepcionante, pues da la impresión de que faltó un tercer acto; la introducción de la versión mayor de un personaje en los últimos minutos pintaba para ello. Parecía, básicamente, el eslabón que lo uniría todo al estilo La Maldición (Ju-On: The Grude, 2002).

El Llanto hace referencia constantemente a las microviolencias machistas que deben aguantar las mujeres en su día a día, el trauma derivado de ello y un sistema que se rehúsa a valorar su palabra. Las historias de estas chicas aluden a esos enfrentamientos físicos y psicológicos que nos recuerdan la sociedad patriarcal en la que vivimos; la criatura, entonces, se vuelve una manifestación tangible de ese dominio. Desafortunadamente, la repetición de los sucesos en ambos segmentos y un desenlace abrupto impiden que la película trascienda dentro del género.
El Llanto está disponible en Max.









