De todas las películas que se han hecho recientemente sobre personalidades del mundo de la tecnología, una de las más interesantes y entretenidas, sin duda, ha sido BlackBerry: El Inicio de la Historia (BlackBerry, 2023), que, como su nombre lo indica, retrata la creación del alguna vez emblemático teléfono. En ella, Matt Johnson entregó un drama corporativo con buenas actuaciones, personajes peculiares y un estilo visual cercano al de The Office (2005-2013). Ahora, y después de haber cautivado a cierta parte de la cinefilia con Nirvanna the Band the Show the Movie (2025), el canadiense vuelve con la biopic del icónico Anthony Bourdain, querida personalidad del mundo de la alta cocina y la televisión. Se trata de su película más convencional hasta ahora: un correcto coming of age acerca de cómo el propósito nos encuentra y luego ya no nos suelta. Afortunadamente, Tony (2026), aun con sus lugares comunes, evita repetir la mayoría de los errores de las adaptaciones basadas en la vida de los famosos. Enfocándose en un momento específico, Johnson nos invita a ver de cerca cómo nace la chispa de un genio.
Ambientada en los 70 —y basada en parte en las memorias de Bourdain—, la trama nos sitúa en el punto de inflexión en la vida de Bourdain. Después de perder una beca escolar con la que pretendía volverse escritor, Tony —como le gusta que lo llamen— (Dominic Sessa), enojado incluso con su familia, se va a un pueblo costero en busca de Nancy (Emilia Jones), la chica que le gusta. Sin trabajo, sin futuro y sin nada, el joven comienza a vivir una mentira que lo lleva a emplearse en el restaurantillo del chef José Vatel (Antonio Banderas), quien se convierte en algo así como su mentor tanto fuera como dentro de la cocina. Si bien la película se desarrolla de forma predecible —chico problemático entiende su propósito y cambia el rumbo de su existencia—, Johnson se vale de su gran elenco para darle mayor atractivo a su propuesta. Mientras que Sessa, sin preocuparse por la imitación, entiende la tarea de crear un personaje detestable pero con un corazón de oro —algo parecido a lo que hizo en Los que se Quedan (The Holdovers, 2023)—, Banderas hace lo propio al ofrecer su bienvenida versión del prototípico maestro que transmite sabias enseñanzas a su discípulo, creando en el proceso un vínculo casi paternal. Las escenas que comparten son el corazón de la película.

Tony nos muestra cómo las ásperas relaciones que entabla durante el verano que pasa en el pueblo resultan fundamentales para forjar su carácter… y también sus vicios. Leo Woodall, por ejemplo, hace de un violento e inestable cocinero a quien Vatel define como el “devorador de pecados”. Su naturaleza tóxica, misógina, callejera y violenta supone un golpe en seco para la existencia privilegiada de Bourdain. Por otro lado, hay algo problemático con Nancy, quien no cumple otro propósito más que el de ser la recompensa sexual del protagonista. Sin arco ni nada que la defina como individuo, Jones hace lo que puede con un guion que solo concibe su rol como interés romántico.
Johnson apunta a una dinámica similar a la de The Bear (2022-2026); el caos en la cocina se convierte en parte importante de la trama. Y aunque da la impresión de que, por momentos, se esfuerza demasiado en ser ella —incluso hay empleados en la cocina del restaurante que se parecen físicamente y tienen rasgos de personalidad de algunos de los de la serie—, el director y los guionistas consiguen plasmar la brutalidad y la parte nada glamorosa que implica trabajar en un restaurante. Es ahí donde el protagonista descubre más que la pasión por cocinar: la convivencia con otros desatados como él y apasionados por vivir sin compromisos ni filtros.

Curiosamente, Tony bien podría tratarse de cualquier persona del mundo; quien no sepa nada sobre ella solo se enteraría hasta los últimos segundos —el final, por cierto, es ridículamente genial; prácticamente, hace canon nuevamente el chiste de “Me gusta ese nombre”— de que el sujeto en cuestión es Anthony Bourdain. Se agradece que el guion no se deje llevar por el formato
“Wikipedia” de las biopics, lo que permite que la película respire y se preocupe por mostrarnos personajes, en su mayoría de carne y hueso. Sin embargo, hay un detalle que no se puede pasar por alto: la ambientación queda a deber. La vibra setentera no se siente del todo; el formato de la imagen y la fotografía tienen mucho que ver.
De cualquier manera, Johnson nos regala un coming of age con ciertos elementos de manual, pero sumamente entretenido, que se toma libertades para hacer de ese momento particular de la vida de Bourdain el más decisivo: aquel en el que las experiencias lo encausan por un camino que nunca imaginó, pero que quizá era el que estaba destinado a seguir, tal y como le ocurre a todo el mundo. Como Bourdain y Nancy comentan, se trata de la providencia en acción; Dios finalmente prestándoles atención. Tony hace que un protagonista “malcriado, miserable, narcisista, autodestructivo y desconsiderado” —con esa autodescripción abre— se vuelva una especie de héroe inesperado de la existencia misma.
Tony está disponible en Prime Video.









