En 2017, Daniel Day-Lewis, considerado uno de los mejores actores de la historia del cine, anunció su retiro por segunda vez para dedicarse a hacer zapatos. Pero la sangre llama, y sería Ronan Day-Lewis, su hijo, quien precisamente lo haría regresar al ruedo. No cualquier cineasta tiene la oportunidad de dirigir a una leyenda en su ópera prima. Y así es como nació Anémona (Anemone, 2025), un proyecto de carácter personal en el que los Day-Lewis se sinceran y construyen una narrativa que, por supuesto, hace eco del regreso del actor. Desafortunadamente, a pesar del compromiso de todos los involucrados, la historia simplemente no le hace justicia al nivel interpretativo desplegado aquí. Posiblemente, ensimados por poder trabajar juntos por primera vez, los Day-Lewis no se dieron cuenta del guion tan perdido en su propia solemnidad que concibieron. Porque una colección de monólogos profundos y enigmáticas imágenes surreales no es suficiente para hacer una buena película.
En este drama psicológico, Ray (Day-Lewis) es un veterano de guerra que vive solo en un bosque lejano tras haber abandonado a su esposa (Samantha Morton) y a su hijo (Samuel Bottomley). Un día, su hermano Jem (Sean Bean), que tomó su lugar como padre y marido, decide ir a buscarlo para tratar de convencerlo de que vuelva a casa. En este ejercicio, los Day-Lewis parecen establecer un diálogo mutuo a través del guion —que escribieron juntos— y de la actuación; no hay duda de que aprovecharon esta oportunidad para decirse cosas que quizá no habían podido expresar. El problema es que muy poco de esto se traduce en una narrativa que realmente invite al espectador a involucrarse. Ronan muestra un potencial interesante para crear atmósferas y un estilo visual, pero, como escritor, deja ver su inexperiencia y el típico error de novato de querer hacerse notar con una obra sobrecargada en la que los simbolismos y lo pomposo terminan por rebasarlo.

El guion de los Day-Lewis deja ver su inseguridad a través de la concepción del protagonista. No solo estamos ante un exsoldado que se vio obligado a cometer un “crimen de guerra”, sino también ante un hombre que fue abusado sexualmente por un sacerdote. Como temiendo que el personaje no tuviera suficiente impacto si no se le construía a base de pura tragedia, los Day-Lewis tratan de abarcar demasiado. Y no es que estos temas —el abuso sexual de menores y el conflicto norirlandés—no merezcan el foco, pero padre e hijo apuestan por demasiados traumas para su personaje, lo que deriva en un desarrollo tosco, obvio y vago. Por supuesto, eso no impide que Daniel Day-Lewis ofrezca otra gran interpretación. Solo él puede hacer que un monólogo sobre, literalmente, cagarse en el sacerdote a modo de venganza resulte una maravilla hipnotizante. Una secuencia más adelante, en la que detalla el pecado que cree haber cometido, vuelve a dejar al descubierto la maestría actoral del angloirlandés.

Al final, Anémona resulta una colección de segmentos en la que los personajes hablan y hablan dándole vueltas al asunto. El final se deja ver desde muy temprano, por lo que Ronan recurre a cualquier cantidad de recursos desesperados, desde escenas irrelevantes entre la madre, el hijo —a quien realmente nunca se molesta en desarrollar— y una jovencita que sobra por completo hasta secuencias oníricas que pretenden elevar la historia. Por otro lado, lo que sí se puede rescatar de su labor es la capacidad para crear atmósferas y cierto malestar en el espectador. Desafortunadamente, despertar emociones parece no ser su fuerte, al menos por ahora. Curiosamente, otra ópera prima reciente sobre el vínculo entre padres e hijos, como My Father’s Shadow (2025), consigue todo lo que esta no: ahondar en los deseos y las frustraciones de los personajes por medio de un ángulo muy personal y, al mismo tiempo, incluir los sentimientos de un país en la narrativa. En la película en cuestión, los Day-Lewis se limitan a referenciar el conflicto irlandés con explicaciones —en una escena, Morton literalmente le pregunta a su hijo si conoce de qué se trató lo anterior, como si pretendiera educar al público en un par de minutos—. En suma, el regreso de Daniel Day-Lewis merecía algo mejor.
Anémona está disponible en HBO Max.









