Y henos aquí una vez más: en el abismo hollywoodense en el que habitan las secuelas, los spin-offs, los reboots y demás engendros que pretenden salir a la superficie poniéndose la piel de sus versiones originales. El Diablo Viste a la Moda 2 (The Devil Wears Prada 2, 2026) es la enésima secuela de queridos títulos de este siglo que Disney nos entrega en lo que va de la década. La máquina no puede detenerse, ¿y qué mejor que darle un poco más de lo que ya conoce? Aunque contadas excepciones han podido capitalizar la gloria de antaño y decir algo relevante con la misma esencia de antes —ahí está, por ejemplo, el revival de Malcolm el de En Medio (2000-2006)—, la abrumadora mayoría se ha presentado como zombis necrófagos desprovistos de cualquier rastro de alma. Esta segunda parte es blanda, aburrida, nada original y cínica desde el punto de vista corporativo; básicamente, se vale de la gracia de la primera sin proponer algo realmente interesante.
La historia se sitúa 20 años después de los sucesos de El Diablo Viste a la Moda (The Devil Wears Prada, 2006): Andy (Anne Hathaway) es una reconocida periodista que acaba de ser despedida; Miranda (Meryl Streep) y Nigel (Stanley Tucci) siguen a cargo de Runway; y Emily (Emily Blunt) ahora es una ejecutiva en Dior. Cuando un gran error periodístico de la revista pone en jaque su existencia, el “destino” reúne al grupo para que solucionen las cosas. El mediano guion de Aline Brosh McKenna toma como referencia inmediata el cambiante mundo corporativo, en el que los despidos masivos y las fusiones están a la orden del día. Resulta irónico, si no es que cínico, que la supuesta crítica a estas prácticas venga de una película de 20th Century Studios, que antes era 20th Century Fox, propiedad de Disney. Por supuesto que no es la primera vez que vemos a una multinacional tratando de reírse de sí misma —ahí está Warner Bros. con Matrix Resurrecciones (The Matrix Resurrections, 2021) y Space Jam: Una Nueva Era (Space Jam: A New Legacy, 2021)—, pero, vamos, el chiste ya no da gracia sabiendo la cantidad de personas que pierden sus trabajos a causa del capitalismo voraz.

La película, ciertamente, tiene un punto al hacer un comentario sobre la desaparición de los medios impresos y el ascenso del contenido basura gracias al Internet, pero no es como que esté descubriendo el hilo negro; 20 años después, este parecía el único camino posible para la trama. Además, el supuesto ángulo periodístico al que se refiere la narrativa apenas queda al descubierto en una o dos escenas, pues lo demás es glamour y una serie de cosas que pasan sin sentido. Por si fuera poco, “Andy” vuelve como una protagonista sumamente débil; su arco es tan genérico que el interés romántico que le ponen ahora le queda a la perfección. La subtrama, por si no quedó claro, es tan innecesaria como contradictoria: si estamos ante un producto que pretende ensalzar el empoderamiento femenino en el mundo corporativo, ¿para qué perder el tiempo con burdas y troncas escenas de citas?
Los señalamientos de El Diablo Viste a la Moda 2 al capitalismo son tan superficiales que el personaje de Justin Theroux, un multimillonario de la tecnología, no puede ser más que un risible avatar de Elon Musk. La trama, por si fuera poco, se dirige exactamente hacia donde uno se imagina con la introducción de ciertos personajes y un súbito giro a la mitad que revela la intención de Brosh McKenna de hacer que la historia siga de la forma más artificial posible.

Afortunadamente, Streep se roba cada una de las escenas en que aparece con otra muy divertida aparición como la implacable Miranda Priestly, que, en esta ocasión, expone su lado más vulnerable cuando parece que todo se viene abajo para ella. Si hay algo digno de rescatar en la cinta es esa exploración de la culpa y las fachadas que abundan en el mundo empresarial. Las reflexiones y las decepciones que el personaje enfrenta son la parte más honesta de esta historia, sin mencionar que la comedia que despliega es muy divertida —muy graciosos resultan los instantes en los que tiene que lidiar con los tiempos de inclusión y progresismo—. No por nada al principio alguien declara que “las villanas son las más interesantes”.
A pesar de tener algo que decir acerca del estado del mundo laboral, El Diablo Viste a la Moda 2 se siente falsa y hasta ridícula por momentos —la caricaturización de Emily es lamentable—. Los cameos —el de Lady Gaga, sin duda, vale la pena—, las referencias a la cultura popular y los chistes que aluden a la primera parte abundan, pero poco hay de original en una película que tiene el descaro de mofarse del contenido efímero. Esto pudo haber sido un Hulu Original sin problema —la fotografía televisiva deja mucho que desear, por cierto—.









