Las adaptaciones cinematográficas y televisivas de videojuegos han sido un terreno escabroso para Hollywood. ¿Cómo ser fiel a la esencia del material original y, al mismo tiempo, apostar por algo novedoso? Resident Evil, por ejemplo, es una saga que intentó, durante muchos años, empaparse de la intrincada mitología de la franquicia, apostando por el melodrama, cualquier cantidad de clichés y por una acción desenfrenada y sin sentido, así como por la fama de Milla Jovovich. Un terrible reboot y una infame serie de TV posteriores dejaron en claro que quienes trataban de llevar esta propiedad a otros medios estaban respetando demasiado una historia que, honestamente, en los juegos es todo menos coherente. Por suerte, vino Zach Cregger, un tipo que ha sabido darle al terror un tratamiento especial a través de la comedia negra, el misterio y el absurdo, para revivir la saga, irónicamente, burlándose de ella, pero recuperando los elementos básicos no exactamente de la narrativa de la franquicia, sino de lo que implica adentrarse en este universo.
Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil, 2026) subvierte las expectativas de lo que significa una adaptación cinematográfica cuando hablamos de videojuegos. Si bien los sucesos están ambientados en la icónica Raccoon City y en el brote infeccioso que lleva a su posterior destrucción, nos encontramos con una historia contenida y casi íntima de un tipo ordinario y un poco torpe que se ve inmerso en el caos. Prácticamente, seguimos a un NPC (Non-Player Character) que experimenta los horrores que la saga nos ha presentado desde su primer título. Cregger consigue que su estilo y sus inquietudes se plasmen en la improbable aventura de Bryan (Austin Abrams), un mensajero enviado a Raccoon City para hacer una entrega en la peor noche posible. El director y escritor convierte la travesía de Abrams en una especie de tutorial: cómo correr, esconderse, usar las armas, etc. Tanto los que han jugado Resident Evil como los que no se pueden identificar con un sujeto cagado de miedo que no sabe cómo disparar o que comete errores bobos en busca de la supervivencia. El actor, por supuesto, resulta fundamental en este sentido, pues vende por completo la idea de Cregger de crear un protagonista que está a punto de rendirse en cualquier momento y de un jugador que quiere abandonar la partida.

La película se olvida por completo de los Leon Kennedy y las Claire Redfield y opta por otros elementos reconocibles: la progresión de las armas, los tipos de zombis —con su buena dosis de body horror—, el POV, la travesía por los niveles, las alusiones de acción a Resident Evil 4 y de suspenso a Resident Evil 7… Cregger propone una experiencia de videojuego que, irónicamente, es consciente de sí misma, y es ahí donde entra su ya muy característica comedia negra —que cautivó en Bárbaro (Barbarian, 2022) y en La Hora de la Desaparición (Weapons, 2025)—. El guion no pierde la oportunidad de mofarse de las ridiculeces que salen de estos videojuegos y del estado de ánimo de una serie de personajes que viven el apocalipsis en tiempo real. Noche Cero, por supuesto, no es perfecta. La parte que evoca el tutorial se extiende, básicamente, a toda la película y hace que la travesía de Bryan sea, temáticamente hablando, un tanto inconsecuente. Pero eso no es todo, pues, al final, traiciona, en cierto sentido, lo que venía construyendo con una rimbombante secuencia de acción que no resulta satisfactoria para la construcción dramática del protagonista. El cambio de tono tampoco ayuda.

De cualquier manera, Cregger acierta al concebir Resident Evil: Noche Cero como una heredera de La Cosa del Otro Mundo (The Thing, 1982) mezclada con la dinámica de Después de Hora (After Hours, 1985) —Abrams ya había protagonizado Lobos (Wolfs, 2024), que comparte algunas similitudes con ella— y ciertos aspectos de Exit 8 (Hachiban Deguchi, 2025) —curiosamente, en ambas tenemos un joven obligado a sobrevivir en un terreno hostil para poder reunirse con su novia, que está embarazada—. Aun sin ser una maravilla, el cineasta entrega la mejor adaptación del videojuego hasta ahora, manteniendo una racha interesante en el género y generando bastante expectativa sobre lo que hará a continuación. A pesar de sus fallas, Cregger demuestra que al material original se le puede respetar desafiándolo creativamente para crear algo nuevo con la misma esencia. Hollywood podría aprender una o dos cosas de esto.









