En buena parte del universo cinematográfico de Maite Alberdi, la relación entre realidad y ficción alimenta sus historias; en sus películas más recientes, la simulación se mezcla con los hechos para dar paso a un híbrido en el que ambos planos dialogan para hacer un comentario social, ya sea desde el abandono que sufre la tercera edad hasta la fantasía que se crea una mujer para cometer un crimen. Y justamente de esto último trata Un Hijo Propio (2026), su primera incursión como tal en la industria mexicana. En ella, la chilena recupera el caso de Eleonor Alejandra Marín, quien en 2009 se robó a un recién nacido de un hospital público en CDMX, solo para ser detenida en breve, enjuiciada y sentenciada a 13 años de prisión. Por supuesto, había más que un secuestro ordinario en este suceso, por lo que Alberdi se dispuso a recrear lo sucedido e insertarlo en su mundo fílmico, donde realidad y ficción conviven, para intentar entender las motivaciones de esta mujer.
La primera mitad de la película transcurre como una recreación dramática, aunque de forma muy singular. Alberdi echa mano de actores profesionales como Ana Celeste, Armando Espitia y Ángeles Cruz para hacer un recuento de los hechos desde el punto de vista de Eleonor. Para ello, Alberdi construye un mundo relativamente fantástico en el que, por supuesto, las cosas no son idílicas, ya que pronto queda claro que la presión familiar fue un factor determinante en el actuar de la protagonista; sin embargo, el exceso de colores pastel —una estética casi onírica que recuerda a El Lugar de la Otra (2024), su trabajo anterior—y una serie de situaciones muy convenientes pintan una ficción que deja al descubierto una disoación que le da sentido a lo que estamos viendo, particularmente interacciónes y actuaciones que bien podrian ser parte de La Rosa de Guadalupe (2008-). Alberdi no se regodea en lo ocurrido, pero sí representa esta exageración con un lenguaje en sintonía con ese tipo de contenido.

El dispositivo empleado recuerda bastante al de Una Película de Policías (2021); en ambas representaciones, los actores se encuentran con sus contrapartes reales, creando otra capa narrativa en la que estos últimos son espectadores de su propia historia. En la segunda parte, Alberdi recurre al formato de cabezas parlantes para hablar con Eleonor y su esposo, quien pasó un par de años en prisión por haber participado pasivamente en el crimen. Si bien aquí la pieza transita por los lugares comunes del documental, Alberdi cuestiona a Eleanor acerca de su versión de los hechos; otros participantes, como la jueza, especialistas y familiares, pronto dejan claro que se trata de un caso más en el que la realidad supera la ficción, y justo ahí podemos comprender por qué la directora se interesó tanto en todo esto.

Un Hijo Propio, ciertamente, hace gala del ingenio narrativo para presentar al mundo el triste caso de Eleanor. Muchas críticas apuntan a que Alberdi trató de lavar la imagen de una secuestradora, pero más bien estamos frente al retrato de una mujer que se equivocó y, aunque no lo parezca para muchos, fue víctima del sistema, ya sea el patriarcal, el familiar o el del gobierno, que tampoco le brindó el apoyo necesario ante las dificultades psicológicas que atravesó. Si bien los señalamientos a lo anterior son rápidos y superficiales —además, algunos instantes que rompen la cuarta pared se sienten forzados—, Alberdi hace un llamado a la sociedad mexicana a reflexionar sobre la idea de formar una familia, algo que parece un mandato en un país como este. Hacia el final, uno de los entrevistados menciona que incluso hubo un baby shower y que Eleanor hasta presentó un cuadro de embarazo psicológico ante la presión que enfrentaba. Las ficciones que nos creamos para evitar que la realidad nos aplaste son tan peligrosas como cualquier amenaza física. Todos, en algún momento, somos actores en una realidad que se nos impone.
Un Hijo Propio está disponible en Netflix.








