No todas las películas de terror independientes pueden ser Terrifier, y El Payaso del Maizal (Clown in a Cornfield, 2025) lo confirma. Si bien la película de Eli Craig —mente maestra detrás de Tucker & Dale vs Evil (2010)— ha tenido un buen boca en boca en Estados Unidos —duplicando diez veces su presupuesto en taquilla—, se queda muy lejos del impacto que ha tenido la saga de Damien Leone. Basada en la novela para adultos jóvenes del mismo nombre, de Adam Cesare, la cinta asume con bastante compromiso los vicios de las historias emanadas de este tipo de material. El resultado es un ejercicio por momentos exasperante que recurre a comedia básica, sustos baratos y una gran cantidad de relleno en su afán de conseguir el mismo nivel de reconocimiento que su referente más inmediato, mejor en todo sentido.
El Payaso del Maizal se apega por completo a las convenciones del género: un grupo de adolescentes acechados por, adivinaste, un payaso que sale de los maizales —llamado Frendo— no solo debe lidiar con él, sino con sus hormonas y con la opresión de los adultos del lugar. Craig recurre al típico escenario pueblerino para desarrollar su historia, lo cual, por otro lado, consigue trascender el cliché cuando se revela lo que hay detrás de los violentos ataques de Frendo. Sin embargo, esto pronto se convierte en sobreexplicación y en un rollo sumamente trivial que apela al distanciamiento generacional y a un profundo nacionalismo, racismo y fascismo —como en La Noche de la Expiación (The Purge, 2013)—. Los motivos de los verdaderos villanos se entienden en el clima actual que amenaza la estabilidad social de Estados Unidos, pero da la impresión de que Craig solamente se aprovecha de ello en busca de que su antagonista —una especie de Guasón boomer con ínfulas de oligarca— resulte familiar. En el afán de mantenerse fiel a la novela, el director y guionista concibe un relato absurdo —no para bien— que trata de hacer algo más de lo que su naturaleza como slasher demanda, lo cual no le sienta muy—muy bien a la dinámica de la película.

Esto le quita cualquier posibilidad a Frendo de tener el mismo impacto que ha tenido Art en Terrifier. Aunado a ello, para ser un slasher, el gore no es para nada memorable, pues casi todas las escenas de muerte las hemos visto una y otra vez en mejores películas. La comedia tampoco se le da del todo a Craig, que recurre a una variedad de metarreferencias sumamente trilladas y cero graciosas, que, de nuevo, cualquier cantidad de otras cintas han ejecutado con resultados más efectivos en el pasado. Los actores, además, no contribuyen en absoluto. Katie Douglas y Carson MacCormac, como los protagonistas “adolescentes”, entregan personajes estrictamente genéricos y nada interesantes. Es cierto que no encuentran algo sustancial en el guion para trabajar, pero sus interpretaciones no funcionan ni en lo terrorífico ni en lo cómico.

El Payaso del Maizal parece estar más preocupada con su tono para jóvenes adultos que con su esencia como slasher. La intención de desarrollar una relación queer en este medio puede sonar novedoso, pero el vínculo se siente superficial, y al final tampoco es como que aporte demasiado a la trama. Craig entrega una película plana que se pierde desde el principio en sus pretensiones de subvertir los arquetipos, por lo que termina siendo un slasher que, seguramente, se convertirá en una fastidiosa franquicia.









