No es como que la franquicia de Enola Holmes haya comenzado siendo una gran maravilla, pero las deficiencias narrativas han ido en aumento con cada secuela. Millie Bobby Brown, convertida en una superestrella indiscutible, vuelve como la joven detective para resolver un misterio que, sinceramente, nunca muestra lo necesario para enganchar al espectador, como sí lo hizo en la primera entrega. Si bien se aprecia el esfuerzo de filmar en vistosas locaciones reales e incluso de introducir un discurso antiimperialista —por más que provenga de una megacorporación—, esta tercera parte no puede escapar de la naturaleza algorítmica con la que fue concebida.
En Enola Holmes 3 (2026), el día de su boda con Tewkesbury (Louis Partridge) en la isla de Malta, Enola (Brown) se entera de que Sherlock (Henry Cavill) ha sido secuestrado. Consternada, la jovencita deja plantado a su novio y se involucra en un juego perverso para salvar a su hermano.
Resulta curioso enterarse de que el equipo creativo de la ultrapremiada serie Adolescencia (2025) está detrás de la secuela; Philip Barantini dirige y Jack Thorne coescribe un título que, sin embargo, carece de cualquier sello personal; es más bien como si el proyecto fuera una recompensa por el descomunal éxito que lograron con su trabajo anterior. De cualquier manera, los británicos intentan darle algo de vida al producto desde dos frentes. En lo visual, las secuencias en los exteriores de Malta le otorgan un toque especial; es bueno saber que la plataforma todavía tiene intención de filmar en lugares reales en vez de usar pantalla azul. Barantini, con espectaculares panorámicas, captura la belleza del país. Por otro lado, Thorne intenta construir una crítica del pasado colonialista británico; la búsqueda de Enola destapa crímenes cometidos por las autoridades en nombre del Imperio. Se aplaude la intención; desafortunadamente, la necesidad de pasar a lo que sigue evita que los señalamientos tengan un lugar preponderante en la trama.

Enola Holmes 3 apuesta casi todo al misterio detrás de la desaparición de Sherlock, dejando de lado las secuencias de acción en gran medida. El problema es que la ejecución no ayuda. Aunado al hecho de que los personajes invierten demasiado tiempo explicando la trama —por mandato de Netflix, por supuesto—, esta presenta varios momentos que rayan en lo ridículo, como una romántica cita en el mar entre Enola y Tewkesbury justo en medio de la desconcertante desaparición de Sherlock; y también la secuencia de combate entre Enola y la villanesca Moriarty (Sharon Duncan-Brewster), en la que el montaje y los dobles de acción no convencen del todo. Y hablando de los demás personajes, el papel de la antagonista nunca queda claro, pues sus intenciones extrañamente encajan con la crítica colonialista, pero aun así deciden representarla como la “mala malísima”. Por otro lado, Sherlock arroja un cuestionamiento interesante acerca del matrimonio en una época en la que las mujeres apenas comienzan a tener voz y voto, pero este queda a la deriva muy temprano.

Definitivamente, no ha sido un buen año para las chicas que resuelven misterios, pues la adaptación de Las Siete Esferas (Agatha Christie’s Seven Dials, 2026), de Agatha Christie —también de Netflix—, sufre, básicamente, los mismos problemas que esta entrega. Curiosamente, la presencia de Helena Bonham Carter en ambas salva un poco el predicamento. Sin embargo, Brown no encuentra en el guion ni en la dirección nada que le ayude a destacarse. Al final, Enola Holmes 3 tiene uno o dos instantes de genuino entretenimiento veraniego, pero la sensación de intrascendencia y los mensajes contradictorios que proyecta la consumen por completo.
Enola Holmes 3 está disponible en Netflix.









