Resulta curioso que en la 78.ª edición del Festival de Cannes se hayan estrenado dos alegorías sobre la pandemia del SIDA con acercamientos radicalmente opuestos. En una mano tenemos Alpha (2025), de Julia Ducournau, una cruda y opresiva propuesta que despliega una especie de body horror para adentrar al espectador en el dolor físico y el sufrimiento emocional; en la otra, La Misteriosa Mirada del Flamenco (2025), de Diego Céspedes, un coming-of-age con un ligero toque fantástico que se inclina más por el tema del prejuicio y el de la comunidad como una forma de afrontar el final. Mientras que la primera recibió un rechazo muy generalizado, la segunda se llevó el premio Un Certain Regard. Y no era para menos, pues esta entrañable película chilena encuentra la manera de que sus metáforas no se sientan sobrecargadas, dejando que la transformación y el viaje de los protagonistas se vuelvan el corazón de la historia.
La cinta, ambientada en los 80, nos sitúa en el desierto chileno, específicamente en un pueblo minero donde una extraña enfermedad se ha propagado. Con muchos rumores de un posible contagio entre amantes a partir de una mirada, una niña de 13 años llamada Lidia (Tamara Cortés), integrante de una gran familia queer, se propone descubrir la verdad. Céspedes construye la identidad del filme partiendo del choque entre dos conceptos que, supuestamente, se identifican con distintos géneros. El western —masculino— y el cuento de hadas —femenino— se enfrentan como en el mismo relato, cuando un grupo de mineros orgullosos de su masculinidad acude a la casa de Lidia para tratar de erradicar la enfermedad de la forma más brutal posible. El joven cineasta chileno explora tanto la violencia emanada de la homofobia y la transfobia como la ternura desprendida de una familia escogida que lucha por protegerse a sí misma.

Céspedes consigue darle gran autenticidad a la cinta con una selección de actores naturales. Su trabajo pareciera el de un tipo con vasta experiencia. Tanto su guion como su dirección resultan fundamentales para construir la inmersión y hacernos sentir parte de una sorodidad muy puntual, que emerge como resistencia ante los embates de la marginación. La calidez que empapa la historia se nutre de varias escenas que se acercan exquisitamente al absurdo. Una linda boda y un show de drag contrastan momentos que engloban lo despiadado tanto de la “peste” como del hombre, que dispone de la mujer como y cuando mejor le conviene. Todo esto es visto, en buena parte, desde la inocencia de Lidia; una secuencia en particular, en la que un amigo le cuenta cómo cree que se propaga la enfermedad, confiere un toque fantástico que, al mismo tiempo, aborda los prejuicios basados en el odio.
La Misteriosa Mirada del Flamenco se une a otras propuestas recientes del cine chileno que han explorado temáticas LGBTIQ+, desde Una Mujer Fantástica (2017) hasta Rotting in the Sun (2023), que exploran sin compromiso la experiencia trans/gay en Latinoamérica, ya sea con drama o comedia —a la que el director y guionista también apela en distintos instantes— de por medio. Y aunque es mexicana, En el Camino (2025) se une a la conversación como el polo opuesto, y no por calidad, sino por presentar una visión de la sexualidad más cruda, pero igualmente en un entorno definido por las apariencias desprendidas de una masculinidad muy tóxica, presente también en el despoblado chileno que retrata Céspedes.

La película recuerda a Carmín Tropical (2014), una cinta mexicana sobre la comunidad muxe que, igualmente, involucra actos de odio en una pequeña localidad envuelta en misterio. Podríamos incluso traer a colación La Virgen de la Tosquera (2025), que, aunque más cercana al terror, dialoga con lo fantástico y con la dura transformación que experimenta la protagonista adolescente del filme en cuestión; de hecho, en ambas ocurre un acto catártico de venganza al final.
El vínculo que Lidia comparte con sus madres, primero Flamenco (Matías Catalán) y luego Mamá Boa (Paula Dinamarca), ensalza la familia por elección, aquella que abraza y defiende un modo de vida establecido a partir del amor y la libertad. Entre la desolación y la esperanza, Céspedes hace del viaje de Lidia uno de descubrimiento, maduración y enseñanza. La pérdida podría ser demasiado grande, pero lo que ha aprendido entre las chicas le permitirá saber que no es justo morir como un secreto. Un abrazo largo y bello.
La Misteriosa Mirada del Flamenco está disponible en MUBI.









