Hace una década, Yeon Sang-ho sorprendió al mundo entero con una película de zombis que, en ese momento, representó una bocanada de aire fresco para un subgénero que parecía agotado. Estación Zombie (Busanhaeng, 2016) cautivó por sus secuencias de acción, sus personajes multidimensionales y un comentario social relevante. Desde entonces, el director coreano ha regresado varias veces al concepto de los “muertos vivientes”, primero con distintas expansiones de ese universo y ahora con otro abordaje en Zona Cero (Gunche, 2026), que, nuevamente, presenta a un grupo de personajes tan diferentes entre sí tratando de sobrevivir a un brote zombi en un espacio cerrado —un edificio, en esta ocasión—. Sin embargo, a pesar de una premisa interesante y algunas cuestiones técnicas sobresalientes, da la impresión de que Sang-ho se copia a sí mismo y a otros títulos parecidos, superiores en todo sentido.
En esencia, Zona Cero es la misma película que Estación Zombie, pero sin los personajes memorables y apenas una pizca de la emoción genuina que define la acción y el desarrollo de los protagonistas de esta última. Sang-ho parece inspirarse en la franquicia de The Last of Us, en Exterminio (28 Days Later, 2002) —hay incluso una secuencia que involucra monos asesinos— y en El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978) más de la cuenta. Zombis que se comunican como hongos —u hormigas— y un primer acto que transcurre básicamente en un centro comercial remiten inmediatamente a títulos que, francamente, ejecutaron sus ideas de mejor manera. Las sobreexplicaciones no tardan en sumir en tedio la lucha por la supervivencia de un ecléctico grupo de personajes —hay que mencionar que la mayoría termina siendo relleno—. Kwon (Jun Ji-hyun), la experta en biotecnología y heroína de la historia, sirve más como un altavoz de lo que el grupo va a hacer y de cómo funciona el virus que como una mujer de carne y hueso cuya intensa batalla por escapar realmente nos hace desear que llegue hasta el final.

Por otro lado, Sang-ho propone algunos elementos que se sienten frescos dentro del subgénero. Desde el principio nos topamos con un villano: Seo Young-chul (Koo Kyo-hwan), el científico responsable del ataque terrorista que resulta poseer la facultad de controlar a los infectados; con el como el nodo principal de una red que sigue propágandose, el director y guionista construye una alegoría sobre la inteligencia artificial y los peligros en los ha puesto a la humanidad, principalmente al individuo, que corre el riesgo de desaparecer en pro de una mente colmena uniforme. Humanos convertidos en zombis que responden a los estímulos enviados por una entidad todopoderosa —Pluribus (2025- ) viene inmediatamente a la cabeza—. Desafortunadamente, el guion no tiene suficiente fuerza como para darle un mayor matiz a las motivaciones de Young-chul.

Por suerte, los zombis que vemos en pantalla compensan el hecho de que la trama cargada de exposición, situaciones trilladas —por supuesto que hay una secuencia de sacrificio para que los demás sobrevivan— y decisiones ilógicas por parte de los personajes deja de convencer desde temprano. Los contorsionistas y bailarines que los interpretan dejan una gran impresión con sus movimientos imposibles y una ferocidad que, verdaderamente, hace parecer que han sido despojados de su humanidad. La cámara en mano —el POV, además, es una clara referencia al mundo de los videojuegos con esta misma temática— y el montaje elevan su salvaje presencia. Por eso, es una pena que Zona Cero sea una película más de zombis; había potencial para algo más crudo —el gore es mínimo, por cierto— y envolvente. Si bien las implicaciones políticas del suceso a las que se alude constantemente aterrizan bastante lo fantástico de la propuesta, esta subtrama se ve impactada negativamente por una acumulación de detalles, desde la aparición de un personaje que parece muy importante en un comienzo, pero que termina a la deriva, hasta un final que se extiende más de la cuenta. Sang-ho sin duda sabe cómo explotar la acción claustrofóbica, pero el elemento emocional que tanto caracteriza a Estación Zombie brilla nuevamente por su ausencia.









