Por años, el cine de horror ha perpetuado la idea de que el miedo tiene un origen sobrenatural, algo que no pertenece a este mundo. Este concepto se ha normalizado a tal grado que las convenciones del género han pasado a convertirse en clichés, mismos que le han quitado ya cualquier tipo de encanto. Por suerte, en el frente independiente, jóvenes cineastas han comenzado con una nueva corriente que pretende revolucionar este tipo de películas con distintos estilos, pero con algo en común: una profunda preocupación por los males reales que aquejan a la sociedad contemporánea. Este nuevo terror social explora los temores de una población presa del peor de los monstruos: el mismo hombre. Viene de Noche es el más reciente ejemplo de esta nueva ola, una minimalista obra en donde la paranoia es el principal catalizador de una cruel serie de acontecimientos.
Al final, Paul y Sarah, buscando protegerse a sí mismos, se entregan totalmente a la paranoia y al inevitable caos que probablemente ha consumido a la sociedad, algo más potente que el virus que lo ha destruido todo. Sin hacer uso de recursos grandilocuentes como algún tipo de giro inesperado, Shults únicamente apela a la fuerza dramática de sus actores y la solidez de su guión. El escenario postapocalíptico no guarda ningún secreto, pero sí que refuerza el aislamiento de estos personajes y la desesperación por enfrentar algo desconocido. Con Viene de Noche, Shults ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad del cine independiente. El talento que ha demostrado para concebir personajes muy complejos atormentados por circunstancias fuera de su control es realmente notable. Habrá que seguirle la pista.










