Paul Thomas Anderson es responsable de algunas de las películas más importantes del panorama estadounidense de los últimos tiempos. Basta con recordar las dos últimas, Petróleo Sangriento y The Master, soberbias examinaciones de los efectos de los frecuentes cambios culturales de aquel país, como la completa adopción del capitalismo y la influencia de los cultos religiosos. De esta manera, el director se ha convertido en uno de los narradores por excelencia de esta nación, acercándonos a los sueños y frustraciones más arraigados de esta sociedad. Vicio Propio, su último trabajo, es una desviación hacia algo completamente distinto que, aunque explora otra faceta de la identidad nacional, como lo es el consumo de drogas y el crimen, carece notablemente de la pasión y del crudo tratamiento de sus obras anteriores.Anderson cuenta con participaciones especiales de varias grandes estrellas, como Benicio del Toro, Reese Whiterspoon y Owen Wilson, pero ninguna de ellas logra tener el suficiente impacto como para dejar alguna impresión. Del Toro aparece apenas un par de minutos, mientras que Wilson interpreta a un extraño hombre alejado de su familia en una subtrama que nunca termina de cuajar. Josh Brolin, quien hace el papel de “Bigfoot”, agente policiaco a veces amigo y en ocasiones enemigo de Doc, cumple con una buena y graciosa actuación, pero el guión lo mete en problemas en varios momentos, ya que su dinámica con el protagonista es errática y siempre en constante cambio.
Algunas cosas son rescatables, como esas notas realismo mágico que podemos apreciar cuando la narradora se introduce en la trama y sigue contando mientras va de copiloto de Doc en su auto. Esto genera una inquietante duda: ¿habrá que estar drogado para poder disfrutar esta película?
Al final, es muy probable que ni siquiera sepamos que ha pasado durante la larguísima trama. A pesar de todos esos difíciles embrollos, malos entendidos y confusiones, es posible que nada haya ocurrido. Doc sigue siendo el mismo marihuano de siempre, los criminales andan libres por las calles de Los Ángeles y los hippies siguen emanando ese aroma a pachuli. ¿Qué nos deja entonces Vicio Propio? Sin duda, la primera gran decepción de Paul Thomas Anderson es muchos años.










