Karl Marx dijo que “La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa”. De esta frase parte Santiago Mohar Volkow, quien está haciendo un cine como nadie más en México actualmente, para concebir Una Película de Amor y Guerra (2024), una estrambótica sátira que nos lleva por un viaje surreal a través del México mágico, del México bárbaro; del México que amamos, que nos mata de risa y que también nos duele. He aquí algo para los que siempre piden algo diferente del cine mexicano. Con una disparatada historia que no siempre tiene sentido, pero que resulta sumamente familiar desde lo social y lo político, Mohar Volkow explora de forma poco convencional nuestra idiosincrasia y lleva al extremo su estilo con un trabajo que, sin duda, no deja indiferente a nadie.
En Una Película de Amor y Guerra —inspirada vagamente en la icónica novela Noticias del Imperio, de Fernando del Paso—, la ambición de un arquitecto corrupto (Andrew Leland Rogers), que quiere construir un centro comercial en un lugar que afectará a comunidades indígenas y al medio ambiente, y la melancolía de su esposa (Lucía Gómez-Robledo) se enlazan con las figuras de Maximiliano y Carlota, que “reviven” en un México atemporal y alternativo, pero igualmente asolado por el colonialismo, el despojo y la violencia. Mohar Volkow, con la frase de Marx siempre presente, nos recuerda cómo la trágica historia de nuestro país se ha repetido, desde la Conquista hasta las décadas de autoritarismo con el PRI. Recurriendo a un hilarante absurdismo que suele desafiar la lógica, la cinta nos lleva también por la Independencia y otros episodios de la historia de México, matizando, por supuesto, los ideales de cada movimiento y época.

El director y guionista eleva su propuesta al siguiente nivel de exceso. Si bien en Buen Salvaje (2023) ya estaba presente esa inclinación hacia lo absurdo, aquí se da rienda suelta con una obra sobrecargada visual y narrativamente; su barroquismo solo es superado por lo impredecible de una trama que juega con fuego desde el comienzo. Al principio, por ejemplo, un levantón por parte de unos narcos se convierte de la nada en una propuesta de matrimonio; más adelante, un profesor convertido en guerrillero trata de lavar su conciencia, solo para verse superado por su propia codicia e intransigencia. La cinta se presenta como un reflejo exagerado de nuestra sociedad; de alguna manera, Mohar Volkow se ha alzado como el heredero de facto de Luis Estrada, aunque con un estilo propio y una sensibilidad completamente diferente.
Mohar Volkow trae de regreso a prácticamente todo el elenco principal de Buen Salvaje, otra mordaz crítica, aunque bastante más austera, a la dinámica que sostenemos con nuestros vecinos del norte y con la narcocultura. Una Película de Amor y Guerra, entonces, con las mismas piezas, parece ser otra manifestación de ese universo. La novedad aquí es Gómez-Robledo, que recuerda en cierto modo a la Bella Baxter de Pobres Criaturas (Poor Things, 2023), y no tanto por su curiosidad sexual, sino por su papel en este relato de hombres ensimismados con lo que ella representa para su masculinidad. Aunado a ello, el parecido de Gómez Robledo con Emma Stone y hasta un final muy similar al del filme de Yorgos Lanthimos nos hacen pensar constantemente en la cinta ganadora del Óscar.

Una Película de Amor y Guerra emerge como la Nuevo Orden (2020) de un universo paralelo, uno donde el enfrentamiento de clases se aleja del morbo y el clasismo para adentrarse más bien en aquella área gris en la que no hay buenos ni malos, sino simplemente humanos complejos condenados por su historia. Con un estilo visual que nos haca pensar en la obra de Aki Kaursmäki, y una extravagancia narrativa que remite a la de El Jockey (2024), de Luis Ortega, esta cinta propone un diálogo con nuestra mexicanidad, definida hoy en día por un elitismo obsesionado con el kitsch, movimientos sociales reprimidos y una incapacidad para, en varias ocasiones, enfrentar el pasado para corregir el presente.









