En Un Viaje de Sobriedad (The Outrun, 2024), la directora y coguionista Nora Fingscheidt se refiere a la geología personal como una forma de autodescubrimiento que emplea para entender el viaje personal de Rona, la protagonista, una joven alcohólica, y su relación con la naturaleza que define a las Orcadas, un archipiélago al norte de Escocia. Es precisamente esta parte la más profunda de la película que hizo su debut en el Festival de Sundance en 2024; y es una pena que no sea la norma, pues la estructura narrativa y una historia francamente poco interesante, con un discurso muy superficial alrededor de las adicciones, opacan el aspecto más introspectivo de esta, así como el compromiso de Saoirse Ronan como protagonista.
Basada en las memorias de la periodista escocesa Amy Liptrot, la cinta emplea una narrativa fragmentada para apelar, por supuesto, a esos recuerdos esparcidos en una mente lastimada por el egoísmo y la compulsión a beber hasta hacerse daño. El problema es que, como en otras películas convencionales como El Tiempo que Tenemos (We Live in Time, 2024), la ejecución no funciona del todo, pues le juega en contra al desarrollo del personaje principal y crea confusión alrededor de los acontecimientos —por más que se utilice el recurso del pelo pintado para distinguir línea temporales—. Fingscheidt y Liptrot pronto se quedan sin recursos con un relato que se vuelve repetitivo muy temprano, convirtiéndose más bien en una serie de viñetas que intercalan los instantes de embriaguez y de sobriedad de Rona.

Está claro que Ronan hace funcionar el dispositivo aun cuando Fingscheidt y Liptrot hacen pasar una historia básica por algo sumamente complejo. Las películas sobre adicciones raramente pueden impresionar a estas alturas, pero resulta grato ver a la actriz irlandesa adentrarse en un papel relativamente nuevo para ella. Aunque el montaje y las situaciones no estén a su altura, Ronan hace palpable la vulnerabilidad y la frustración de una mujer sin rumbo empeñada en sabotearse cada vez que puede. Si bien su personaje recorre los lugares que se esperan de un filme de esta naturaleza —ya sea la rehabilitación, la recaída, el tocar fondo y la reconciliación—, Ronan hace gala de todo su veteranía a pesar de su juventud para evitar que la redundancia cobre todavía más factura.
Un aspecto interesante de Un Viaje de Sobriedad es la incorporación de la vida y la cultura de las Orcadas en la historia. Varios de los episodios ofrecen vistazos a las costumbres, los hábitos, el folclor y las aspiraciones de una población aislada en una pequeña isla. La naturaleza juega también un papel importante en todo esto; además de la conexión geológica que Rona establece consigo misma, Fingscheidt nos permite recorrer la isla y empaparnos visualmente de las maravillas biológicas y climáticas de un lugar muy peculiar. La secuencia final, quizá la mejor de toda la cinta, engloba lo anterior y consigue generar la emoción que brilló por su ausencia en los primeros actos.

Si bien Un Viaje de Sobriedad no despliega un miserabilismo como el de La Ballena (The Whale, 2022), Fingscheidt y Liptrot se meten en muchos problemas tratando de activar el drama en una cinta que, como la protagonista, se sabotea a sí misma en cuanto a su desarrollo, cortando la posibilidad de involucramiento por parte del espectador con un cuestionable montaje. Con personajes secundarios poco explorados y un guion que parece respetar demasiado a la obra original, todo el peso recae en Ronan y el aspecto filosófico del relato, que, aunque pueda parecer pretencioso a algunos, compensa la falta de imaginación en otros apartados.
Un Viaje de Sobriedad está disponible en HBO Max.









