Es común escuchar el dicho de que los críticos son cineastas frustrados. Tampoco faltan quienes desestimen la opinión o juicio de uno de ellos con el “¿Y tú qué has hecho?”. Pues bien, el crítico y youtuber Chris Stuckmann se tomó muy en serio todo esto, por lo que hizo su campaña de recaudación de fondos para financiar su ópera prima: Terror en Shelby Oaks (Shelby Oaks, 2025). Con mucha promoción y el respaldo de una distribuidora como Neon y figuras como Mike Flanagan, el estadounidense hizo su debut finalmente como director, y el resultado, desafortunadamente, al menos en este caso, le da la razón a los detractores de la crítica cinematográfica; Stuckmann parece haberse propuesto hacer la cinta de terror más genérica posible, y vaya que lo logró.
Terror en Shelby Oaks levanta suspicacias sobre su originalidad desde la premisa: una mujer busca a su hermana desaparecida, que se dedicaba a hacer contenido de índole paranormal para redes sociales. De ahí parte una historia que se dirige a todos los sitios imaginables: cultos satánicos, jump scares baratos, música ominosa exagerada, misteriosas ancianas con terribles secretos ocultos, criaturas hechas con CGI… No hay nada aquí que no hayamos visto antes, y lo peor de todo es que Stuckmann hace uso de estos elementos de una forma tan burda que resulta molesta —sin mencionar que los escasos 80 minutos se sienten como más de dos horas—. Cada año se habla de la película de terror que tuvieron que proyectar con las luces encendidas y que provocó un infarto en la sala, pero esta, definitivamente, no lo es, ni cerca.

La película, básicamente, es una mezcla de El Proyecto de la Bruja de Blair (Blair Witch Project, 1999) y El Legado del Diablo (Hereditary, 2017). El prólogo transcurre como un falso documental sobre el caso de Mia (Camille Sullivan) y su hermana Riley (Sarah Durn), específicamente de cómo terminó desaparecida —y es aquí donde la cinta fluye mejor, pues la dirección de actores en el entorno dramático como tal deja mucho que desear—. Más adelante, el recurso se convierte en un found footage recurrente que muestra lo que realmente pasó con Riley y sus amigos. El salto entre estilos le viene muy mal a la historia; en los segmentos found footage se logra disimular el ínfimo presupuesto, pero en los otros no. No es que la producción amateur la haga mala automáticamente, pero el nulo esfuerzo de Stuckmann por salir de las convenciones la condena. Con El Legado del Diablo y La Primera Profecía (The First Omen, 2023) más presentes como derivación que como inspiración, el realizador no puede escapar de un final con aspectos sacados de la manga, incoherente, predecible y para nada impactante.

Terror en Shelby Oaks es obvia, plana y aburrida. Con personajes para nada interesantes, un guion mediocre, un pobre uso de los recursos limitados y sin ningún tipo de originalidad para adentrar al espectador en situaciones terroríficas —la fotografía de Andrew Scott Baird, lo único que contribuye a la tensión, es el único aspecto rescatable—, Struckmann aborda el género con un enfoque extremadamente básico y tedioso, decepcionante para un entusiasta que parecía venir con un bagaje cultural y ideas frescas. Con este trabajo, el director deja en claro que no tiene nada que decir, y que no es tan sencillo hacer el salto de YouTube a la pantalla grande, por más que tipos como los hermanos Philippou lo hagan ver tan fácil.









