Crítica – Soy Frankelda: una celebración en stop-motion de las historias

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Soy Frankelda (2025) es un milagro del cine mexicano. Los hermanos Roy y Arturo Ambriz, arriesgando su patrimonio incluso, llevan su ingenio y el de su equipo al siguiente nivel con el primer largometraje animado en stop-motion hecho en México. Canalizando su pasión por la animación y creando un universo que se nutre del imaginario nacional, los Ambriz nos invitan a celebrar el poder de las historias, que aquí se proyecta en forma de la inolvidable protagonista, una mujer empoderada por su talento literario y por la necesidad de enfrentar sus miedos en busca de tomar el control de su vida. Con un notable nivel técnico, una colección de fascinantes visuales y un relato atractivo para chicos y grandes, la cinta se consagra instantáneamente como un hito para el cine en México.

La película se desprende de la serie animada —también en stop-motionLos Sustos Ocultos de Frankelda (2021), la cual, sin duda, fue un gran ensayo para el enorme esfuerzo subsecuente —de hecho, hay varios cameos por ahí para los fans que están desde el comienzo—. Lo interesante del asunto es que Soy Frankelda funciona como precuela y secuela al mismo tiempo de aquella, que ve a la escritora fantasma narrar sus historias con oscuras moralejas junto a Herneval, un libro gruñón con conciencia propia. Los Ambriz relanzan a Frankelda (Mireya Mendoza) construyendo una trama que muestra cómo estos personajes llegaron al sitio donde se encuentran. Las historias dentro de historias del formato antológico de la serie se recupera aquí de manera astuta; los mundos dentro de mundos en los que los Ambriz nos sumergen apelan a ese carácter infinito de los relatos que la cinta tanto pregona.

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Imagen: Cinema Fantasma

La mayoría de los personajes son fascinantes. Frankelda, por supuesto, emerge como una figura de empoderamiento femenino que trasciende la época de sometimiento para la mujer en la que están ambientados los acontecimientos: el México del siglo XIX. Herneval (Arturo Mercado Jr.), por otro lado, en su forma inicial, se nos presenta como el típico personaje que hace todo mal tratando de hacer bien las cosas. Su emparejamiento en esta aventura con Frankelda, en lugar de acercarse a lo romántico, va por más la empatía y la inquietud de despertar su potencial mutuamente. Aunado a ello, los Ambriz pueblan este universo con personajes fantásticos marcados por breves pero llamativas apariciones, como la misteriosa Dama Coyote o el embustero Procustes —que recuerda al gran villano de Monsters Inc. (2001) película que, de hecho, comparte una dinámica de crisis en un mundo conectado con los temores humanos—, además de una gran variedad de seres que destacan aspectos puntuales de la cultura mexicana.

Lo que nos lleva al universo que han creado el Ambriz, el cual reconoce en todo momento su mexicanidad. Muchos de los sustos remiten a la artesanía de los alebrijes, y claro, el diseño de producción evoca la obra de Leonora Carrington y Remedios Varo —artistas que tuvieron su etapa mexicana—. El tono, la ténica y el universo como tal recuerdan también a los trabajos de Tim Burton y Henry Selick; sin caer en lo derivativo, los Ambriz abrazan la influencia de El Cadáver de la Novia (The Corpse Bride, 2005), Coraline y la Puerta Secreta (Coraline, 2009) y El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas, 1993) para crear su propio entorno barroco. Y, bueno, la admiración por lo que representa su padrino Guillermo del Toro —en especial con El Laberinto del Fauno (2006)— se percibe en la propuesta de los Ambriz.

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Imagen: Cinema Fantasma

Soy Frankelda, por si fuera poco, también destaca como musical; sus canciones son pegajosas, y los números veraderamente avanzan la trama. En suma, se trata de una maravillosa producción que debería quedar como un parteaguas y no como una rareza del cine mexicano. Sea como sea, el trabajo de los Ambriz y su equipo es un triunfo sin precedentes. A través de una titánica labor artesanal, una historia que captura a la perfección la belleza de la literatura —incluido un homenaje a la obra de Mary Shelley en forma de la protagonista— y una fantástica experiencia para todas las edades, la película demuestra la pasión con la que fue logrado cada fotograma. Al igual que la misma Frankelda, los Ambriz se enfrentaron a sus miedos y se convirtieron en los escritores de su propia vida para poder hacer realidad este sueño oculto.

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