Un enorme boquete se ha abierto en el techo de su departamento debido a una supuesta falla de plomería. La vida de Linda (Rose Byrne), una madre asolada por la enfermedad de su hija, parece ser consumida poco a poco por este hoyo; su existencia está constantemente a punto de descarrilarse a causa de serie de infortunios. Sin embargo, ese aparente abismo invertido también resulta irresistible: “¿Qué hay dentro?” “¿Y si me dejo llevar por él?”. En Si Pudiera, te Patearía (If I Had Legs I’d Kick You, 2025), Mary Bronstein desarrolla a partir de este temor/fascinación un oscuro tratado acerca de la maternidad y ese hoyo físico y metafórico que se convierte en una amenaza irresistible. Sin un ancla que la mantenga en tierra, la succión parece inevitable. Dándole toda la responsabilidad de llevar la historia a una soberbia Byrne, la directora entrega una de las películas más inquietantes y estresantes del último año.
“No es tu culpa”, escucha constantemente Linda de su esposo (Christian Slater), de la médica que ve a su hija, de su nuevo e inesperado amigo Jessie —el rapero A$AP Rocky demostrando que va en serio con lo de la actuación—, de su poco comprensivo terapeuta —Conan O’Brien en un papel dramático que saca adelante, irónicamente, con una suerte de comedia inexpresiva—… Las palabras suenan reconfortantes, pero la realidad no podría ser distinta. Todos ellos, a excepción de Jessie —que, más bien, se convierte en una víctima colateral del viacrucis de la protagonista—, no tardan en enumerar las cosas que está haciendo mal y no está arreglando. Bronstein encapsula en la frustración y la desesperación de Linda una olla de presión similar a la que apreciamos en el personaje de Jennifer Lawrence en Mátate, Amor (Die, My Love, 2025). Esto es soportado por una fotografía eternamente opresiva —a cargo de Christopher Messina—, que mantiene el médium close up como recurso para enmarcar una soledad apabullante —la presencia de su esposo y su hija, de hecho, se manifiesta únicamente en voz casi todo el tiempo—.

Pero el del techo no es el único hoyo del que debe preocuparse Linda; uno más yace en la panza de su hija (Delaney Quinn), por el que una sonda le aporta los nutrientes que necesita y que no puede asimilar normalmente debido a un trastorno alimenticio. Bronstein, de nuevo, construye un ingenioso simbolismo alrededor de la condición de la pequeña, que involuntariamente succiona la vida de Linda en muchos sentidos. Una catártica escena posterior, que incluso hace referencia al body horror para potenciar el efecto, alude a una dolorosa liberación/separación: el inevitable corte del cordón umbilical. En su crítica para La Estatuilla, Lalo Ortega define esta experiencia cinematográfica como una “pesadilla lynchiana”; en clave de cierto terror psicológico, Bronstein nos acerca a la maternidad desde el ángulo más brutal y extenuante.
Curiosamente, Bronstein contrarresta esta atmósfera casi de horror con una colección de momentos perturbadores con una improbable energía cómica, que van desde consultas muy desconcertantes con sus pacientes hasta la adopción de un hámster con un trágico desenlace. El guion se muestra muy astuto manejando este balance. La vibra, sin duda, evoca la de la mancuerna que forman Ronald Bronstein —esposo de la cineasta— y Josh Safdie. Si Tuviera Piernas, te Patearía, así como Good Time: Viviendo al Límite (Good Time, 2017) y Diamantes en Bruto (Uncut Gems, 2019), apela a la cacofonía y al caos para llevar al espectador al límite de su paciencia. Curiosamente, el tormento constante y las peripecias que enfrenta recuerdan en cierta medida a Marty Supremo (Marty Supreme, 2025); vamos, en ambas nos topamos con el colapso de un techo. Por supuesto, el carácter de lo hecho por Mary resulta más simbólico, pero esta sensibilidad compartida encuentra en la maternidad y la paternidad una ineludible necesidad de escape.

“¿Cómo esperas que todo vuelva a la normalidad?”, le pregunta su esposo a Linda mientras esta trata de sobrevivir y él se encuentra lejos trabajando. Si Pudiera, te Patearía emerge como un llamado a la empatía, pero no a una institucionalizada o programada que no sirve para nada, sino a una genuina y… humana, por más extraño que suene. “Solo quiero que alguien me diga qué hacer”, suplica Linda durante una consulta con su terapeuta. Una plegaria a la que cualquier madre se enfrenta. En los últimos años, el cine sobre la maternidad ha intentado abordar el suplicio a través de distintos géneros, desde el drama psicológico de Mátate, Amor hasta la comedia de Canina (Nightbitch, 2024), pero pocas o ninguna hasta ahora, había ofrecido una experiencia tan inmersiva y visceral como la que propone Bronstein con este ejercicio, que exige desde el principio asomarse a ese hoyo que yace en el techo.









