En sus palabras de agradecimiento tras ganar el SAG Award en 2025, tan solo unos días después de haber terminado la filmación de Marty Supremo (Marty Supreme, 2025), Timothée Chalamet declaró que quería ser uno de los grandes. Este tipo de discursos suelen ser plataformas para enarbolar una falsa humildad políticamente correcta, por lo que las palabras del joven actor fueron tomadas como arrogantes por algunas personas. Ahora, con su trabajo en la película de Josh Safdie visto por todo el mundo, quedan claras un par de cosas: Chalamet parecía estar todavía en personaje, pero aun así iba en serio. A sus 30 años, el estadounidense se consagra con una actuación de época que lo pone ya en la misma liga de aquellos a quienes admira. Se trata de su mejor interpretación hasta ahora desde el ángulo que se le quiera ver.
En su primera película dirigiendo en solitario desde hace casi dos décadas, Safdie deja en evidencia cuál de los dos hermanos era el responsable de ese ritmo vertiginoso y por momentos caótico que caracteriza a Good Time: Viviendo al Límite (Good Time, 2017) y Diamantes en Bruto (Uncut Gems, 2019) —sobre todo trayendo a colación la propuesta casi contemplativa de Benny en The Smashing Machine (2025)—. Este nuevo esfuerzo se siente como una culminación temática que se vale de un minucioso estudio de personaje al mismo tiempo que, como en las cintas ya mencionadas, el protagonista se embarca en una odisea urbana para probar que es quien dicen que es. Marty Mauser —personaje inspirado vagamente en el campeón nacional de ping-pong Marty Reisman—, básicamente, es otra representación del incesante capitalismo estadounidense, aquí en su estado incipiente.

El guion de Safdie y Ronald Bronstein es astuto: lo que en un principio parece una biopic deportiva con cierta desfachatez de pronto se convierte en una frenética tragicomedia propulsada por la autodestrucción y la arrogancia, pero también por un inquebrantable sentido de grandeza. Curiosamente, Benny se adentró en un tema similar con The Smashing Machine; en primera instancia, en ambas nos topamos con dos atletas dispuestos a sacrificarlo todo —hasta ellos mismos— con tal de llegar a la cima. Lo que las separa, por supuesto, es el ritmo, pero también la actuación principal; mientras que Dwayne Johnson lo hace bien como Dwayne Johnson aparentando ser alguien más, Chalamet se pierde por completo en Mauser, y eso hace toda la diferencia. La inmersión es absoluta, y por más que su personaje sea un cretino y mentiroso, su carisma y su aspiración resultan irresistibles.
Pero Chalamet no está solo. Además del enorme trabajo de dirección de Safdie —que se nota en cada una de las actuaciones—, Jennifer Venditti da en el clavo con sus elecciones como directora de casting y se posiciona fuertemente como gran candidata al primer Óscar a Mejor Casting. El rapero Tyler Okonma, Odessa A’zion, Gwyneth Paltrow en su retorno y hasta Kevin O’Leary —empresario y personalidad de reality shows en la vida real— convencen de principio a fin con sus personajes, sin importar su tiempo en pantalla, e incluso haciendo un breve comentario acerca de sus figuras en la realidad. Chalamet desarrolla una magnífica química con cada uno, y nunca se siente como si se los estuviera comiendo escénicamente, sino todo lo contrario: sus aportes complementan al protagonista y construyen pequeños pero significativos arcos que dicen mucho sobre el estado de una nación entregada por completo a una peligrosa fantasía capitalista.

Marty Supremo atrapa con su grandiosa actuación protagónica, su estresante ritmo, lo hilarante de sus situaciones y una historia acerca de segundas, terceras y cuartas oportunidades con las que cualquiera se identifica. Los fans de Anora (2025) se sentirán como en casa. Por si fuera poco, el soundtrack anacrónico y la envolvente música de Daniel Lopatin contribuyen puntualmente al estilo y a la atmósfera. Safdie, por su parte, emerge como un autor estadounidense en total sintonía con los tiempos y capaz de entender la verdadera esencia de lo que su país representa, ya sea en clave de drama o de comedia. Puede que estemos ante el heredero de Paul Thomas Anderson. Y en cuanto a Chalamet, no queda duda de que es el tipo que llenará el vacío de Leonardo DiCaprio cuando ya no esté, si no es que ya lo está haciendo desde ahora. El hombre no estaba bromeando con aquel discurso.









