En Madre Siniestra (Other Mommy, 2026), tal parece que Jessica Chastain la pasó increíble; se nota en su terrorífica actuación y en las entrevistas que ha dado durante la gira de prensa. Desgraciadamente, como espectador, cuesta trabajo decir lo mismo. La película es Blumhouse en su máxima expresión: un burdo ejercicio de terror a base de los jumpscares más baratos imaginables, la historia más básica posible y la ejecución más mediocre. A pesar del gran compromiso que muestra Chastain con su papel, todo lo que la rodea en esta ocasión no tiene sentido o simplemente toca las notas equivocadas, pues lo que se supone que debería dar miedo solo da risa, sin mencionar el hecho de que estamos básicamente ante lo que bien podría definirse como el remake live action de Coraline (2009) que nadie pidió.
La premisa, basada en la novela Incidents Around the House, es sencilla: una niña llamada Bela (Arabella Olivia Clark) es acosada por un demonio que toma el aspecto de su madre; su objetivo es acceder al plano terrenal apoderándose de ella. Cuando Ursula (Chastain), la mamá, presencia lo que ocurre, toma medidas desesperadas para salvarla. El director Rob Savage, el guionista Nathan Elston y el productor James Wan conciben una película de terror anticuada, ridícula y que no sabe exactamente qué quiere ser: si una historia oscura acerca del dolor que experimentan los hijos al ver cómo sus padres se separan o una especie de comedia negra sobre espíritus chocarreros que invaden el hogar de una familia. Esta confusión da como resultado una película involuntariamente cómica que constantemente se toma demasiado en serio a sí misma.

Madre Siniestra tiene momentos verdaderamente ridículos. Los personajes habitan una historia en la que protagonizan situaciones aleatorias una tras otra y a las que reaccionan de forma… curiosa. En una secuencia que transcurre en una alberca de pelotas, por ejemplo, Bela experimenta un horrible incidente paranormal del que sus padres logran rescatarla. Hilarantemente, después de un instante de angustia, los padres actúan como si nada hubiera pasado. Lo mismo ocurre casi al final, cuando vuelven a casa tras probar varias medidas para acabar con la entidad; Russell (Mark Duplass), el papá, decide que es buen momento para arreglarse, poner un poco de música y bailar antes de enfrentar, una vez más, a la maldad que los acecha. Y así podríamos continuar. Pero nada se compara con la secuencia —muy a la Juegos Diabólicos (Poltergeist, 1982)— en la que, de la nada, aparecen unos “cazafantasmas” en la mansión de la abuela (Karen Allan) para intentar expulsar a la otra madre. Una línea de diálogo, a cargo de Dichen Lachman —quien interpreta a la líder del grupo y que solo existe como objeto de exposición—, resulta más graciosa que buena parte de las comedias estrenadas este año. Ni Wan ni Savage ni nadie entendieron cuál era el tono adecuado para abordar el material.
Y eso no es todo, pues el CGI también deja mucho que desear. Si bien la oscuridad logra ocultar la precariedad en este sentido, la forma física del demonio, de nuevo, da más risa que miedo. Savage apuesta por asustar al público con una caricaturesca criatura digital poco convincente aun teniendo la inquietante presencia de Chastain, que en los primeros momentos de la película demuestra que tiene lo necesario para causar terror con sus gestos y expresiones, tal y como hizo Alyssa Sutherland en Evil Dead: El Despertar (Evil Dead Rise, 2023).

Madre Siniestra insinúa mayor profundidad cuando hace referencia al dolor que los niños deben sentir para poder crecer y a la maternidad como una experiencia —otra similitud con Evil Dead: El Despertar— que Ursula ve como un sacrificio más que como una alegría. La metáfora de la otra madre tenía potencial, pero Savage y su equipo la echan a perder desde muy temprano con sus sinsentidos y los lugares más comunes que hemos visto en el terror comercial durante todo este siglo. La película aspira a crear una atmósfera similar a la de Dulces Sueños, Mamá (Ich seh, Ich seh, 2014), pero más bien termina siendo algo así como una pobre repetición de Coraline.









