Netflix, ensimismada en mantener funcionando siempre su máquina de contenido, tiene la calidad en un segundo o hasta tercer plano. La Vieja Guardia (The Old Guard, 2020), aunque convencional en todo sentido, mostraba ciertos aspectos interesantes para un blockbuster de esta naturaleza; y con Charlize Theron haciendo gala de su condición de superestrella, el atractivo, con mesura, por supuesto, era indudable. Pero lo anterior queda sepultado en una secuela que, más que genérica, presenta una manufactura realmente lamentable para una producción de, aparentemente, cerca de $100 millones de dólares. Un ejercicio técnico cuestionable en todo sentido que vuelve a dejar bastantes dudas sobre la forma en que trabaja la plataforma de streaming más grande del mundo.
La Vieja Guardia 2 (The Old Guard 2, 2025) muestra su pobreza técnica desde la primera secuencia, en la que el tono y el estilo visual de las producciones actuales de Netflix pronto se apodera de ella. Con tan solo unas cuantas escenas, queda claro que la supervisión en casi todos los aspectos de la cinta brilló por su ausencia. El look televisivo estandarizado en los proyectos de la plataforma cae al nivel más bajo por la manera en que esta película fue filmada; rara vez se puede apreciar qué está pasado, principalmente en las escenas de acción. El montaje también deja mucho que desear, así como la iluminación y hasta las coreografías, cuya aspiración de acercarse a lo que se hace en franquicias como la de John Wick es completamente risible.

Ni siquiera uno de las grandes adiciones a este universo, en forma de la inclusión e Uma Thurman como villana, funciona como se esperaba. Extrañamente, la actriz queda bastante relegada, y no es si no hasta los últimos minutos que hace acto de presencia. La esperada confrontación entre Thurman y Theron se limita a una decepcionante “batalla final”. Su motivación para enfrentarse a los inmortales también está muy poco fundamentada. Curiosamente, es Veronica Ngô quien adquiere mayor protagonismo como la otra fuerza antagonista, que tiene una razón de ser más personal, aunque eso no significa que dote a la trama de un matiz valioso.
La cinta, por supuesto, pierde muchísimo tiempo explicando nuevas reglas dentro de este universo, específicamente aquellas relacionadas con la esencia de los inmortales, lo que da pie a una subtrama protagonizada por Matthias Schoenaerts que pretende ahondar en el vacío existencial que trae consigo la inmortalidad; sin embargo, la exploración se ejecuta con todos los clichés imaginables y un desenlace predecible. Pero quizá su pecado más grande es eliminar el tercer acto por completo y trasladarlo a una hipotética tercera parte que absolutamente nadie estaba pidiendo. La manera en que cortan la acción representa un insulto al espectador y extiende innecesariamente una historia que ya de por sí no tenía nada más que ofrecer en esta ocasión.

Casi nada hay por rescatar en La Vieja Guardia 2. A pesar de filmar en algunas locaciones internacionales, la mayor parte se siente como un grupo de actores haciendo lo suyo en sets con bastante pantalla azul de por medio. Y hablando de CGI, los litros y litros de sangre falsa dejan una muy mala impresión. En suma, se trata de otro producto desechable que demuestra que no todo necesita una secuela. En su afán por crear franquicias y conseguir más horas de visionado, Netflix una vez más descuida la calidad y entrega una cinta diseñada simplemente para existir como ruido de fondo.
La Vieja Guardia 2 está disponible en Netflix.









