En La Única Opción (Eojjeolsugaeopda, 2025), los personajes constantemente se refieren al título: cuando unos ejecutivos estadounidenses alegan que recortar la plantilla laboral es necesario; cuando un desempleado asegura que no puede hacer otra cosa más que trabajar en la industria a la que se ha dedicado por décadas; cuando deshacerse de la competencia resulta imperativo para conseguir un empleo… Park Chan-wook vuelve con una sátira de la sociedad coreana y de la clase media, aquella condenada a trabajar todos los días de su vida para mantener un sistema que no tiene problema en reemplazar un engranaje cuando mejor le convenga. En su nueva película, el coreano nos adentra en la retorcida empresa de un hombre que, agobiado por lo inevitable, se asoma a lo más oscuro de sí mismo en busca de querer tenerlo todo.
Basada en la novela The Ax, de Donald Westlake, la cinta, como Parásitos (Gisaengchung, 2019), retoma las inquietudes de una sociedad en apariencia próspera, pero cuyas grietas más profundas exhiben la ansiedad provocada por una realidad enfocada en las máximas ganancias y la productividad absoluta. Nuestro protagonista es Yoo Man-su (Lee Byung-hun), gerente en una fábrica de papel que en el prólogo se regodea al darse cuenta de que lo tiene todo: una linda familia y un muy buen trabajo. Chan-wook, con sus características y simbólicas transiciones, hace pedazos esta fantasía con la sobreposición de un desagüe que se traga la imagen y anticipa lo que se viene a continuación cuando Man-Su es despedido: una odisea oscura cuyo objetivo es procurar a su familia, pero que más bien deja al descubierto lo más retorcido de su ser.

La ejecución y el tono recuerdan en cierta medida a Breaking Bad (2008-2013): un buen tipo que se ve arrastrado a situaciones límite mientras trata de darle lo mejor a sus seres queridos; pero que, eventualmente, su aventura termina por cambiar su brújula moral para siempre. Man-Su, como él mismo dice, “libra una guerra por su familia”. Chan-wook y sus coguionistas ofrecen un desesperante retrato de una clase media temerosa de perder sus privilegios y su escapismo, desde ver Netflix hasta jugar tenis en algún club local. La Única Opción presenta a Man-Su, su esposa Lee Mi-ri (Son Ye-jin) y varios de los aspirantes a un empleo en otra fábrica como sobrevivientes, pero también como individuos capaces de cualquier cosa con tal de mantener el statu quo. La deshumanización alimentando el capitalismo tardío.
Chan-wook, por supuesto, estiliza su película brillantemente, y no solamente con la sobreposición, sino también con una vívida fotografía y un colorido diseño de producción. Resulta notable darse cuenta de que el director mantiene su estilo visual sin importar quién esté a cargo de la fotografía. El bloqueo y los movimientos de cámara son parte importante del dinamismo al que el realizador apela para mantener al espectador involucrado; la fluidez de la cámara y sus movimientos tan precisos son irresistibles. Aunado a ello, la música juega igualmente un papel decisivo; las composiciones de Jo Yeong-wook son estimulantes, pero el soundtrack tampoco se queda atrás. Uno de los mejores momentos musicales tiene lugar durante un tenso encuentro que de pronto se vuelve un caos, en parte por un volumen alto y el incesante ritmo de la música diegética que se apodera de la escena.

La Única Opción se vale de una buena dosis de comedia física e ironía para reforzar su tesis. En un mundo en el que la competencia es feroz, las oportunidades escasean y las cuentas deben pagarse sí o sí, la única opción requiere comprometer nuestra humanidad con tal de seguir siendo tomados en cuenta. En los últimos momentos de la película, Man-su se acerca nuevamente a la “felicidad” que añoraba, pero ¿a qué costo? La llegada de la IA y la maximización de recursos anticipa un futuro funesto para el trabajador. Esas poderosas imágenes de máquinas derribando árboles brutalmente durante los créditos no solo traen de vuelta un punto sobre la supuesta conciencia social de las corporaciones, sino que nos recuerda que estas nunca estarán interesadas realmente en el bien común, pues la productividad y las ganancias son lo único que importa.









