Ari Aster comenzó en el terror sobrenatural, luego le entró al folclórico, y ahora, tomando nota de tipos comos Jordan Peele, se internó en el más espeluznante de todos: el que emana de vivir en una sociedad tan dividida y a veces tan absurda como la estadounidense. Eddington (2025), su más reciente trabajo, no se inclina hacia un bando, y tampoco pretende explicar el porqué de la polarización que mantiene a Estados Unidos al borde del abismo social. Pero tampoco ofrece una exploración profunda de la radicalización, y mucho menos de los deseos y frustraciones de un pueblo que atraviesa tiempos convulsos. Entonces, ¿de qué trata Eddington y qué quiere decir? Aster, en su afán por hacer algo así como un grandes éxitos de las cuestiones políticas y sociales que han aquejado a su país en los últimos años, se pierde en su propio cúmulo de ideas, por lo cual no resulta extraño darse cuenta de que su nueva obra realmente no dice nada.
Bien le dijo su papá: “No escribas tu siguiente película”. Haciendo caso omiso al consejo de su padre, Aster no solo volvió a teclear, sino que también se sumergió en la vorágine de sucesos que pusieron a su país en los titulares: el movimiento Black Lives Matter; las teorías conspiranoicas alrededor del coronavirus; el uso de cubrebocas; la fijación de sus compatriotas con las armas; los cultos aprovechándose del delirio social; la izquierda siendo denominada como “terrorista”… La combinación parecía explosiva, pero Eddington, desafortunadamente, emerge solamente como una compilación de estos asuntos sin ahondar en ellos. En suma, el director prende la mecha y sale corriendo, sin darse cuenta de que se cebó inmediatamente.

Aster canaliza a lo que tiene de los hermanos en Coen para hacer su propia versión de Guerra Civil (Civil War, 2024), otro tibio ejercicio que intentó sin éxito reflejar el choque de ideologías y corrientes políticas que tiene lugar actualmente en Estados Unidos. Es verdad que la cinta es funcional como western —uno que recuerda a Sin Lugar para los Débiles (No Country for Old Men, 2007) y a Fargo (1996), y también a la quinta temporada de la serie inspirada en esta última—, y que hay ciertos instantes en los que esa dinámica de pesadilla parece dirigirse hacia un terreno más fértil narrativamente hablando —como cuando trata de desdoblar el estado psicológico del atormentado sheriff (Joaquin Phoenix)—, pero la sátira aquí desarrollada únicamente llama la atención por su aparente actualidad, y no por incisiva o inteligente. Aunado a ello, desde que terminó la pandemia, en general, se siente como si el tiempo avanzara más rápido de lo normal, por lo que las situaciones derivadas de ella ya no tienen tanto impacto en el espectador. En resumen, llegó tarde.
Aster pasa de un tema político a otro con tanta obviedad que poco a poco le va restando atractivo a todo el dispositivo. El torpe manejo de estas situaciones provocan que la trama se perciba como didáctica: “Recuerdas cuando pasó esto, y esto, ah, y esto”. Por si fuera poco, el desperdicio de actores es notable. Prácticamente, la historia se concentra por completo en el personaje de Joaquin Phoenix. Pedro Pascal y Emma Stone quedan en un lejano tercer plano; y ni hablar de Austin Butler, cuya aparición es irrelevante. En cierto sentido, el filme es como una versión 100 % menos surreal que Beau Tiene Miedo (Beau Is Afraid, 2023), pero 100 % más convencional. Este descenso del protagonista hacia la locura, oprimido por su entorno, se vuelve agobiante, y no en el buen sentido. Las casi dos horas y media no tienen justificación.

No hay duda de que Phoenix hace un buen trabajo proyectando la angustia y la frustración de un sector muy específico de su sociedad, y que la comedia negra que presenta de repente tiene algunos momentos divertidos; sin embargo, nunca queda claro realmente cuál es el punto de todo esto. Se podrá decir que deja al descubierto las contradicciones de los movimientos sociales o políticos, pero no es como que esté inventando el hilo negro. Curiosamente, Emma Stone participó no hace mucho en un proyectivo televisivo similar —ambientado también en Nuevo México— llamado La Maldición (The Curse, 2023), donde la crítica social, el humor negro y el absurdismo se conjugaban en algo verdaderamente provocativo, y que sí que tenía algo que decir acerca de la hipocresía social. Eddington provoca, pero solo indiferencia.









