“El primer amor te hace sentir vivo”, canta Luk (Geert Van Rampelberg), el padre de Elias (Lou Goossens) en la primera escena de Corazones Jóvenes (Young Hearts, 2024). La frase, básicamente, engloba lo que representa este tierno coming-of-age: las mariposas en el estómago que alguien te hace sentir por primera vez. Con una calidez notable y una simple pero efectiva historia, el director Anthony Schatteman nos regala una bella experiencia que, además, emerge como una manifestación queer y una celebración del amor en todas sus formas; un recordatorio de que aceptar lo que somos y lo que queremos, eventualmente, nos acercará un poco más a la felicidad; un viaje de autodescubrimiento adolescente con el que resulta sencillo identificarse.
En su ópera prima, Schatteman, involuntariamente, cierra una trilogía temática que empezó Close (2022) y que continuó Monstruo (Kaibutsu, 2023). Aunque a niveles emocionales distintos, y en circunstancias diferentes, las tres nos adentran en el universo juvenil y en masculinidades menos convencionales que, tristemente, suelen ser juzgadas cruelmente. Si bien Corazones Jóvenes apuesta por un acercamiento más convencional que el de sus contrapartes, la cinta presenta un ángulo menos trágico de la experiencia LGBTQ+, y que resulta un necesario aliciente para todas esas historias similares que muestran un mundo poco compresivo y opresivo para la comunidad. Está claro que las dos posibilidades son latentes, pero películas luminosas como esta permiten que los más jóvenes atisben un rayo de esperanza en cuanto a sus crisis de identidad.

“Soy un hombre, es lo único que sé”, le dice Elias a su novia mientras juegan algo así como “Adivina Quién Soy”. La maduración del jovencito es representada a través de su cambiante relación con su nuevo vecino: Alexander (Marius De Saeger). Schatteman confronta dos formas de vida: la urbana y la rural. Elias, que vive en una pequeña localidad de la región flamenca de Bélgica, se ha dejado llevar por los estándares relativamente conservadores de su pueblo; por su parte, Alexander es un chico citadino permeado por el progresisimo natural de una gran urbe europea. Su llegada abre un nuevo mundo a Elias y la posibilidad de abrazar finalmente la persona que desea ser. Por supuesto, esto también trae consigo algunas dificultades emanadas del “qué dirán”.
Corazones Jóvenes, así como Close y Monstruo, señala el bullying como un método de control social para mantener a cada integrante en el lugar que le corresponde. La oposición de los protagonistas a los acosadores representa un acto de rebeldía y una manera de ir en contra del sistema. Al final, como dice Fred (Dirk Van Dijck), el abuelo de Elias, esto se trata de “seguir tu corazón”. Schatteman quizá no desarrolle tanto a sus otros personajes, pero la sabiduría y el confort que aportan celebran la apertura, la comprensión y un entorno de cordialidad en el que nadie es señalado por abrirse y mostrar su vulnerabilidad. Idealizado hasta cierto punto, sí, aunque es bueno saber que no todo relato debe ser exageradamente trágico para que emocione.

Corazones Jóvenes sigue una ruta conocida para este tipo de cintas, con montajes musicales y un desenlace feliz para todos; pero si hay algo que debamos reconocerle a Schatteman es la manera en que hacer sentir una colección de bellos instantes como una cálida brisa de verano. El realizador solo necesita de algunos acercamientos y ligeros movimientos de cámara para hacernos entender la inocente relación entre estos dos muchachitos. Y claro, la actuación de Goossens permite que todo tenga sentido. He aquí una honesta película que nos recuerda lo mágico del primer amor, el soporte tan grande que significa ser aceptado por la familia y la felicidad que implica vivir sin necesidad de ocultarse.









