Tras dos muy buenas películas, Luca Guadagnino se tambalea en Cacería de Brujas (After the Hunt, 2025), una cinta sobre la “cultura de la cancelación”, que, efectivamente, se está enfrentando a la cancelación por su tratamiento de un tema tan delicado como el abuso sexual. En defensa de Guadagnino, hay que aclarar que, como es usual, él no estuvo detrás del guion; sin embargo, otras decisiones creativas relacionadas con la dirección no dejan tan bien parada a una obra que no puede evitar hundirse en algunos momentos en el fango de su densa propuesta y una serie de ideas contradictorias que, más que generar conversación, apuntan a salidas fáciles y problemáticas al respecto.
Nora Garrett debuta como guionista con este trabajo, que sigue las consecuencias de una acusación de abuso de parte de una estudiante en contra de un profesor de Yale. El gran problema de su construcción dramática es la forma en que trata a sus personajes, más como representantes de temas complicados que como humanos de carne y hueso. Ayo Edebiri, por ejemplo, que interpreta a Maffie, la aparente víctima, hace de una joven queer que anda con un chico trans; Andrew Garfield, por otro lado, que da vida a Hank, el supuesto abusador, interpreta al típico intelectual que se aprovecha de su posición para seducir a sus estudiantes. Y luego está Julia Roberts, una académica, Alma, que debe decidir a quién creerle. Garrett pretende explorar el área gris que rodea a cada uno de estos individuos; desafortunadamente, su compromiso con la ambigüedad es tal que no hay realmente una conclusión valiosa. Así como Eddington (2025) y Guerra Civil (Civil War, 2024), estos discursos supuestamente neutrales terminan por no decir nada interesante acerca de sus respectivos temas.

Garrett tampoco muestra demasiada sutileza para construir la historia. Al principio, por ejemplo, el personaje de Edebiri descubre un secreto de Alma —que más tarde volverá para permitirnos entender el nivel de estrés que provoca en ella el caso— de la forma más absurda posible. El guion se acerca bastante a la caricatura en distintas instancias. En una escena, por ejemplo, cuando intenta hablar con Maggie, y su pareja (Thaddea Graham) sale a defenderla, Alma se muestra burlona con un “¿no tienes que estar protestando por algo en otro lado?”. Y luego, más adelante, mientras conversa con la psicóloga de la facultad (Chloë Sevigny) en un bar, y comienza a sonar The Smiths, Garrett no puede evitar lanzar un chistorete relacionado con Morrissey, quizá una de las figuras públicas más canceladas hoy en día. En suma, la guionista parece estar más preocupada por hacer referencia a las confrontaciones políticas que ocurren hoy en día que por desarrollar una historia convincente dentro de ellas.
Guadagnino, por su parte, contribuye a la provocación con algunos detalles. Los créditos, por ejemplo, se presentan con la misma tipografía y estilo que emplea Woody Allen, otra persona non grata del mundo artístico. Aunque la intención intente parecer enigmática, resulta obvio que la alusión se alinea con la frase “inocente hasta que se demuestre lo contrario”. La dinámica, la ambientación y demás, de hecho, recuerdan bastante a la obra del director, sobre todo a, irónicamente, La Provocación (Match Point, 2005). Aunado a ello, Guadagnino recurre nuevamente a la música de Trent Reznor y Atticus Ross, pero después de dos grandes scores, este se siente irrelevante y hasta molesto. Por si fuera poco, el italiano echa mano en un par de ocasiones al recurso de un reloj en marcha para crear tensión, posiblemente, para compensar la falta de ella en la trama, que, además, se extiende muchísimo más de la cuenta.

Después de la Caza es un paso en falso para Guadaginino y la debutante Garrett. A pesar de dos buenas actuaciones a cargo de Roberts y Garfield —no mencionamos a Michael Stuhlbarg, porque, aunque parece estar divirtiéndose bastante, también se siente como si estuviera en una película distinta—, la ambiguedad dialectica a la que apela la cinta se ve opacada por recursos poco efectivos, subtramas de relleno —hay una recurrente y poco sutil sobre una enfermedad a la que se le da mucha importancia— y lo reaccionario de su crítica a la “cultura de la cancelación” y a las nuevas generaciones, que hacen sentir la película como una versión sumamente inferior de Tár (2022) con aspiraciones narrativas de parecerse a Red Social (The Social Network, 2010). La dinámica de poder que trata de desplegar Garrett es lo que seguramente atrajo a Guadagnino, pero cuesta trabajo identificar lo que el tipo sensible detrás de Llámame por tu Nombre (Call Me by Your Name, 2017) y Queer (2024) quería demostrar con este esfuerzo, probablemente, el menos él hasta ahora.









