Crítica – Bugonia: la “Eddington” de Yorgos Lanthimos

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Bugonia (2025), ciertamente, ve a Yorgos Lanthimos escapar del tedio y de la provocación sin sentido del tríptico Tipos de Gentileza (Kinds of Kindness, 2024), aunque sin alcanzar nuevamente la exquisita extrañeza que desplegó en La Favorita (The Favourite, 2018). Si bien resulta reconfortante ver al griego dejar atrás la parodia de sí mismo que construyó con su esfuerzo previo, este nuevo, que emerge como uno igual de contenido, pero con una mayor ambición temática, su perspectiva nihilista ya parece un tanto agotada y cada vez más superficial. No hay duda de que la cinta se eleva con la batalla actoral entre Jesse Plemons y Emma Stone; sin embargo, todo lo que les rodea carece del filo de las obras iniciales del griego y del absurdismo derivado de la película original para la que esta funciona como un remake.

La película se apega en general a lo establecido en la coreana Save the Green Planet! (Jigureul Jikyeora!, 2003), de Jang Joon-Hwan: un tipo conspiranoico secuestra al CEO de una megacorporación creyendo que es un extraterrestre para evitar la esclavización de la humanidad. Cabe destacar que este no es un proyecto iniciado por Lanthimos; el guion viene de Will Tracy, escritor en Succession (2019-2023) y de El Menú (The Menu, 2022). Por ahí podemos empezar a entender la visión de la cinta, y si a eso agregamos la participación de Ari Aster como productor, todo queda perfectamente claro. Bugonia, por supuesto, como Eddington (2025) o Guerra Civil (Civil War, 2024), se vale del clima político actual, principalmente en Estados Unidos, para puntualizar obviedades, escudarse en la ambigüedad y al final no decir mucho al respecto. Tratando de modernizar el relato de Moon-Hwan —intercambiando el género del CEO—, Lanthimos y Tracy se ven atrapados por la condescendencia y una simplificación de lo que en apariencia es una sátira más aguda.

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Imagen: Element Pictures, Square Peg, CJ ENM, Pith Quest Films, Fruit Tree

En la original, Joon-Hawn tira la casa por la ventana con una mezcla que incorpora las torturas de El Juego del Miedo (Saw, 2004), una estética que recuerda a la de Terry Gilliam y hasta un disparatado homenaje a 2001: Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). En ella, el director coreano se mueve entre la comedia física, el drama del trauma y el thriller policiaco; la ejecución raya peligrosamente en lo ridículo en ocasiones, pero se salva milagrosamente al no tomarse las cosas tan en serio. Por su parte, Tracy y Lanthimos pretenden atacar la división de clases con humor negro, aunque este rara vez hace su aparición. Es cierto que lo que Bugonia pierde en lo estrambótico lo gana en elocuencia; desafortunadamente, el discurso termina decantándose por esa idea de que “la culpa es de ambos bandos y todos merecen morir”. Algo extraño de sostener cuando conocemos el impacto real de las multinacionales en el planeta.

Bugonia transita sus mejores momentos cuando Plemons y Stone se baten a duelo en pantalla. Lanthimos ha sacado lo mejor de ambos en los últimos años, y esta vez tampoco decepcionan. Plemons juega bien sus cartas y se pierde en la imagen de un incel conspiranoico y delirante. El siempre convincente actor hace palpable el dolor de un pasado traumático —presentado no tan orgánicamente a modo de flashbacks—, el cual se traduce en la imperiosa necesidad de asumir el control. Stone —que al principio alude a la hipocresía corporativa de la élite con su personaje—, igualmente, no se queda atrás alimentando esa incertidumbre sobre si es o no realmente un alien. La doble ganadora del Óscar mantiene al espectador, mayoritariamente en el último acto, en una constante duda acerca de su verdadera naturaleza; sin duda, ella es la que mejor entiende la parte cómica de la película. En ese sentido del misterio, Bugonia supera a Save the Green Planet!, y también en el aspecto visual con esa esplendorosa y a veces claustrofóbica fotografía de Robbie Ryan. La enigmática y estruendosa música de Jerskin Fendrix tampoco se queda atrás.

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Imagen: Element Pictures, Square Peg, CJ ENM, Pith Quest Films, Fruit Tree

Se entiende por qué Lanthimos decidió bajarle dos rayitas a la violencia que presenta Save the Green Planet! y prescindir de la subtrama relacionada con la investigación detectivesca; así evitó críticas innecesarias y alargar la historia. Sin embargo, la presencia de los demás personajes nunca termina por justificarse, ni la de un policía que comparte un oscuro pasado con el protagonista ni la del primo que asiste a este último en su misión (Aidan Delbis), que a pesar de ser la única fuente de razón en el embrollo, la trama lo conduce hacia un final efectista y confuso temáticamente. Bugonia intenta hacer representación hanekiana —con algunos ecos apocalípticos a Melancolía (Melancholia, 2011)— del caos social que define al capitalismo tardío; pero —como suele pasar en las obras orientales reinterpretadas para el público occidental— su picadura se siente como la de una abeja que ya ha perdido su aguijón. En realidad no es tan subversiva como piensa, sobre todo al ver que no tomó una ruta distinta a la de Save the Green Planet! El descanso que Lanthimos anunció no pudo haber llegado en el mejor momento.

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