Sam Raimi ha invertido la mayor parte de sus esfuerzos este siglo en alimentar varias de las propiedades intelectuales más famosas del mundo. Desde Spider-Man hasta El Mago de Oz, esta parte de la carrera del estadounidense ha tenido momentos altos y bajos. Afortunadamente, entre todos esos trabajos por encargo, el oasis que representó en ese entonces Arrástrame al Infierno (Drag Me to Hell, 2009) dejó en claro que el director de culto todavía tenía un as bajo la manga. Con ¡Ayuda! (Send Help, 2026), Raimi más o menos intenta replicar aquel gran éxito dejando de lado nuevamente el terror para incursionar en el thriller de supervivencia y darle su inconfundible toque cómico y grotesco. Quizá la película no alcance la genial desfachatez de su anterior entrega original, pero al menos nos ofrece un buen rato de ligero entretenimiento encapsulado en la entrega física de una popular actriz como Rachel McAdams.
¡Ayuda!, básicamente, se entiende como una mezcla entre Náufrago (Cast Away, 2000) y El Triángulo de la Tristeza (Triangle of Sadness, 2022), en la que los fluidos corporales acarician la playa de una isla desierta en donde quedan varados la empleada Linda (McAdams) y su insoportable y misógino jefe Bradley (Dylan O’Brien). Los guionistas Damian Shannon y Mark Swift nos preguntan qué haríamos en una situación extrema en la que tuviéramos que sobrevivir junto a la persona más nefasta del planeta. Ahí es donde el par encuentra el ángulo cómico, que, aunque no resulte original, la entrega de McAdams hace que todo valga la pena. Como una aficionada del reality show Survivor, sus habilidades para adaptarse rápidamente pronto eclipsan la apatía e ineptitud de un tipo privilegiado que no sabe hacer nada. Esta lucha entre individuos se extrapola a la confrontación que sostienen los trabajadores de a pie —que construyen su carrera con el sudor de su frente— con los nepo babies o aquellos que tienen la vida arregalada desde que nacen y que se dedican a pisotear a los demás por ello.

Pero la comedia negra laboral de ¡Ayuda! también naufraga en su segundo acto; Shannon y Swift llevan el relato, aparentemente, hacia el terreno que cualquiera esperaría de esta premisa: el de la comedia romántica. Por supuesto, sabiendo que se trata de una película de Raimi, estamos al tanto de que esto es claramente un despiste; y cuando los giros argumentales llegan,realmente no generan el impacto deseado. Aunado a ello, intencionalmente o no, la trama se asemeja bastante a la de la cinta de Ruben Östlund; hay elementos y secuencias que parecen calcados. Y, finalmente, el desenlace tampoco pega como pretende queriendo despistar al espectador una vez más con el mismo truco; desde mucho antes se puede anticipar cómo terminará la aventura de estos dos sobrevivientes y quién será él o la que salga con vida de la isla.

¡Ayuda!, afortunadamente, le otorga ciertos matices a Linda que la vuelven notablemente imperfecta; su transformación y su aventura sostienen por completo una historia que aborda lo más nocivo del machismo corporativo y la importancia de salvarte a ti misma en un mundo que buscará destruirte en cuanto tenga oportunidad. O’Brien, por otro lado, no lo hace mal en su papel de perfecto imbécil, pero queda opacado ante la desatada actuación de una McAdams en plan Annie Wilkes. Con algunas referencias temáticas y visuales a su filmografía, Raimi echa mano de una dirección funcional para llevar el proyecto a buen puerto; aun tratándose de un concepto ajeno, consigue hacerlo suyo en distintos niveles, por más que los lugares comunes se asomen por aquí y por allá. Arrástrame al Infierno, sin duda, seguirá siendo la mejor cinta de Raimi del siglo hasta ahora, pero se aprecia la intención del director de alejarse momentáneamente de las franquicias para probar suerte.









